"Terapia para todos" con James Lipton

Quiero dejar en claro que todo lo que se me ocurre tiene que ver con el país y no quiero que esto sea la sucursal devaluada de Crítica o del pasquín que elijan. No estoy inspirado para nada, estoy preparando un viaje y como pueden llegar a adivinar, es de las actividades que más me gusta, más que el cine y todo lo demás. Sólo tengo en la cabeza tarifas y disponibilidades, trayectos, países a visitar. Ciudades que me tientan ofreciéndome su arte y su arquitectura. Ventanas de Safari con buscadores, campos a completar con cantidad de pasajeros, datos, íconos pequeños con calendarios que al abrirse me hacen saborear el disfrute de la previa (que tanto he pontificado) trenes, aviones, hoteles con y sin baño, con pasillos donde hay que correr en bata para pegarse un duchin. Euros inalcanzables, dólares y pounds, números que me dicen a los gritos que estoy loco, que no puedo ser tan irresponsable con mi futuro y con mis hijos. No sé, mi vieja sufrió toda su vida por tener una casa, o mejor dicho, por haber perdido 2. Y sin embargo cuando saludó a todos desde el andén, no hizo diferencia que la tuviera o no. En mi último día les cuento si hice bien o mal. Mientras tanto esperen novedades.

Me dejé llevar con esta explicación de por qué no les escribo y terminó siendo "Terapia para todos" con FR. Me voy antes de que les cuente todos mis traumas y cuando me vean se me caguen de risa en la cara. Me voy a un rincón a chuparme el dedo mientras me balanceo lentamente. Adiós.

BWV 1056

El cine es una de las cosas que más me gustan en la vida. Te sorprendería saber cuánto. Me gusta como a Borges le gustaba la literatura, o más y si bien él superó la vergüenza y el miedo para crear (ayudado por su genio) yo nunca pude dar ese paso necesario para pasar de disfrutar a realizar. Acabo de ver una película maravillosa, inteligente y distinta; me voy a guardar cuál es, quiero que aceptes el reto así puedo volcar las profundas sensaciones que me produjo. Hoy pasé antes de venir para casa por el video de la vuelta de la agencia y junto con una de las últimas de Kim Ki-duk, me traje un par más. Cansado y todo, puse el equipo, agarré el control, y después de apretar el botón de play, me sentí cayendo por un pozo sin fin, embargado por una emoción tal que pensé en despertar; temí no llenar las expectativas con el resto de lo que a los pocos minutos ya era una gloria inimitable. Me sentí como hace años, sentado en una butaca de un cine que ya no existe, sorprendido y shockeado por la fuerza de los tonos y el color visceral que le dio Sacha Vierny a la obra máxima de Greenaway "The Cook the Thief His Wife & Her Lover". Quizás el tema, la fotografía extrema o la música de Bach hicieron que me pierda en la nostalgia y sufrí nuevamente la sensación de estar ante una obra de arte en estado puro. Como una droga que te descoloca por completo, sentí que las lágrimas correrían como lo hacía la línea de una ilustración que acentuaba el contraste entre lo real y lo irreal, entrando caprichosamente en la trama para mostrarnos un pasado que fue (que yo no puedo soltar). La memoria perdida en el bosque de la noche, donde la única alternativa para recuperarla es perderlo todo.

Extraña, esta película clavó su filoso puñal en mi pecho muchas veces, mostrando cuán indefenso estoy ante el amor, reflejando todos mis miedos, espantando el sueño y los fantasmas que me torturan sobre quedarme sin nada. Así transcurrió hasta que una mirada a cámara me dio la señal de que se iba para siempre el tener todos mis sentidos al límite, y sin motivo, ante la nada, fundiendo a negro se produce lo que en ciertas ocasiones ocurre el llegar a la cima de una expresión artística, desborda mi alma como un vaso olvidado debajo de un chorro de agua infinito.

cosas que pasan

Se pasaron de largo ideas para cuentos, cosas que quise decirte, alguna me gustó en el momento pero no anoté. Palabras que nadie va a devolver porque las condiciones que hicieron que esas ideas se ensamblen, como las figura que arma un chico con sus lego, se esfumaron para siempre. Pasé horas cargadas de cansancio improductivo, de largos viajes a lejanos lugares en trenes podridos. Días que pasaron entre sueños (de los más hermosos) y preocupaciones (de las más horrendas de todas) momentos mezclados con una perversidad que sólo imaginan los vengativos dioses del olimpo. Por eso te pido una vez más que me aguantes y que al entrar, sepas que no me olvidé de vos querido lector amigo, sino que en cuanto ordene un poco los bloques, voy a ver que armo. Ganas e imaginación, no faltan.

cacerola

No entiendo cómo aún dicen que el argentino es arrogante, altanero, que se cree la crema de la crema, que vive en la europa de latinoamérica. No entiendo cómo alguien puede sostener esto siendo el pueblo que ha soportado una de las humillaciones sistemáticas más grande de los últimos 50 años. Un pueblo que vio sin decir nada cómo una banda de delincuentes los gobernó, los tomó por la fuerza, los mató, los reprimió, los regaló. No hablo sólo del golpe del 76' ni del riojano, la peor basura que ocupó el sillón de rivadavia de la mano del peronismo y que hizo las delicias de la derecha más repugnante de la región. No, voy más atrás, con "la otra" esposa nefasta; o más lejos, a ezeiza y su masacre vergonzosa, o más atrás aún, al camisa negra que se descamisó, que con los brazos en alto como el simbolito del mundial se fotografiaba ante un tesoro nacional lleno de oro que dejó vacío como unos años después hicieron todos los gobernantes con lo que tuvieran a mano, aunque sean los bolsillos del pueblo. Hoy sentí una vergüenza similar a la que lamentablemente sentí varias veces, como cuando regalaron Entel, o cuando leyeron el comunicado Nº1, o el Rodrigazo, o la 1050. Un pueblo de rodillas, vejado. Que intenta decir basta con el cacerolazo, la actitud más egoísta y vil de la rancia cuasi-burguesía porteña. Detesto el cacerolazo. No me importa si hoy tienen razón. No puedo dejar de asociarlo a la gente que no dudó en salir a las calles cuando le metieron la mano a su verde esperanza pero que miró hacia el costado indiferente, ante cada atropello, ante cada hurto. Ese pueblo que se hizo el distraído cuando Barbarita lloraba en cámara desde la peronista tucumán a causa del hambre cuando nadie llenó una cacerola y se la envió llena de proteínas. Cuando el infame que permitió que vuelva el deme 2 destrozaba la industria, nadie salía a la calle. Cuando entregó el país tampoco. Cuando cerró los trenes, tampoco. Cuando hicieron el golpe económico a Alfonsín, tampoco. Nadie golpeó su batería de cocina contra Martínez de Hoz. Ni cuando Videla y todas las langostas que lo siguieron mataron y torturaron a diestra y siniestra no hubo cacerolazos en barrio norte. Ni en ningún lado.
Hoy vimos un giro aún más bizarro y decadente, demostrando que somos capaces de llevar las cosas a un extremo inimaginable. La frutilla de la torta K que ante la mentira sistemática (no sólo del índice de inflación) de un gobierno que vive de lo que le saca al campo y de la cotización del único dios argentino manejado a conveniencia, fue enfrentar los gritos tilingos con otros gritos. Gritos de otro color, manipulados, violentos y tan pero tan negros como el futuro de esta tierra bendecida, poblada por la peor lacra. Un país que un fascista iluminado catalogó hace muchos años de POTENCIA.

gesto

Todavía no se murió Videla. Ni Martínez de Hoz. Me entristece cuando alguien que hace reír se muere. No importa si lo llegaste a querer o no, hoy fue el enano Guinzburg, el publicitario, el cómico, el periodista, el de la noticia rebelde, el de peor es nada. No era un fan, pero sentí algo parecido con Abrevaya y Castelo. Tristeza no al nivel de cuando se fueron otros tipos inteligentes, irónicos, rápidos o geniales como el Negro Fontanarrosa, para poner un ejemplo. En la tele a esta hora pasan retrospectivas que emocionan y nos dejan ver el hueco que se genera al irse un tipo como él que cuando aparece en la caja boba, nos hace creer que es un poco menos tonta. Mientras lo pasaban entrevistando gente, me acordé que la única vez que lo vi, me llevé algo. Pequeño. Ínfimo. Estábamos esperando si nos daban, o no, el premio de Agencia del Año en un evento que Jorge conducía. Mucha de la crema publicitaria presente, llega el momento en que nos anuncia, con la música de Love Unlimited al palo, que ganamos. Ehhh, abrazos y a subir al escenario, paso delante de él, lo miro embadurnado con esa inútil alegría de haber ganado, me mira sonriente y como una yapa, me guiña un ojo, cómplice. Hoy pienso que ese acto, casi un reflejo en una persona pública, me dejó una sensación fugaz de calidez. Ahora pienso cómo un gesto gratuito puede adquirir con el tiempo, o la muerte, un valor inimaginable.

milo tiró cuentazo

métanse a leer el nuevo cuento (era una tarea obligatoria para la escuela, sigue como siempre) del enano que está increíble:

http://mi-lo-ve.blogspot.com/2008/03/trece.html

como suele ocurrir en las escuelas públicas, se sacó un regular.

eternalize

No existía Flickr en mi vida, cada vez que apretaba el obturador de una cámara era para encapsular un recuerdo. En ese tiempo, pasado el verano de 2005, fui a visitar a mi hermano a Londres. Encaramos por unas semanas una recorrida por el continente, descubriendo mundos deslumbrantes, francia, suiza e italia me regalaron una inmensidad inesperada. A eso me esperaba de vuelta, en tierras de piratas, una larga estadía para vivir la ciudad de donde provienen la mitad de mis genes.
Días enteros caminando, viendo, sintiendo, aprendiendo. Todo esto cámara en mano tratando de retener en píxeles lo enorme, lo descomunal; pensaba para quién eran esas fotos y tenía una cosa atragantada que no se iba e hizo que me preguntara: ¿son para mí? ¿para los que se sientan ante una pantalla y pierden el interés a los cinco minutos? No, era para compartirlo, no sabía con quien, no sabía para qué. Intuí el deseo de que vean lo que estaba viendo, una necesidad intensa de llevarle (especialmente pero no solo a papá) al mundo lo que me regalaban los ojos. Y así siguieron los días, click, click, click. Hasta que un día entré en el V&A por un poco más arte, con una glotonería casi obscena. El Victoria & Albert Museum está en uno de los barrios que más me gustaron y es uno de los mejores. Así, entre pinceladas, cincelazos, colores, materiales exóticos y entre manos que dieron forma a cosas hermosas, me metí en una muestra de fotografía. Extrañamente quien exhibía no era un fotógrafo sino un director de cine: Abbas Kiorastami. No vi nada de él, ni siquiera hoy; "El sabor de la cereza" sigue siendo un misterio pendulando entre recomendaciones de quienes aman y odian esa peli. Pero esto no se trababa de 24 cuadros por segundo sino de un cuadro y la eternidad. Me emocionaron inmediatamente los blancos fríos de la nieve y la soledad, las sombras y la morfología genial y única de esas fotos que podrían envidiar Cartier Bresson, Avedon, Doisneau o Cappa. Cuando estaba a extasiado en un punto justo, plenamente conmovido, me topé con un texto sobre un gran panel, perfecto, bello, con una tipografía que no podía ser otra y pude entender lo que en esos días me había atormentado. Como en un pizarrón, estaba frente a mí una lección que cambiaría mi vida y que hizo que hoy, cuando estoy detrás de una cámara no haya un hombre, sino un fotógrafo que busca lo mismo que este iraní, con el que me tropecé en una sala allá lejos en un museo de Londres, que dijo:

"Contemplating the clowdysky and the massive trunk of a tree under a magical light is difficult when one is alone. Not being able to feel the pleasure of seeing a magnificient landscape with someone else is a form of torture. That is why I started taking photographs. I wanted somehow to eternalize those moments of passion and pain".

que NO VUELVAN los lentos

Señores, los lentos permitían acercamientos al objetivo que ninguna otra práctica física podía lograr. Cuando arrancaban era el momento mágico que ni Malaparte, García Márquez o Wes Anderson podrían imaginar en su total dimensión. La aceptación a bailar lentos era el nombramiento de caballero por parte de la reina de inglaterra. Salvo que la chica en vez de tocarte los hombros con una espada, lo hacía con sus brazos, abrazándote detrás del cuello dejando libre todo su cuerpo para que tus manos suban y bajen de acuerdo a una cantidad de fortuna que no estaba determinada por ninguna ley terrestre. Los lentos han permitido tocar culos y tetas en épocas que no se podía tocar ni un piano sin que te lleves un disgusto. Yo iba a bailar en una época donde IBAN LAS MADRES DE LAS CHICAS. Sí señores, así de simple, como lo leen. No me vengan con que ustedes pendejos de mierda son machos porque se llevan a una pendeja al derpa y la ensartan el primer día. Hazaña era levantarse una piba PIDIENDOLE PERMISO A LA VIEJA ahí mismo, en la cancha, casi a oscuras, generalmente mirándote con odio, con las luces estroboscópicas y los reflejos de la bola de espejos dándoles un toque más siniestro. Eso era ser macho queridos. No porque me la aguanto en grupo y patoteo a un boludito en el abasto, no. No señor. Tenías que tener los huevecitos bien grandes, cosa que era provocado no sé a esta altura si por el valor o la ausencia total de sexo, para ir ante el enemigo a pedir la mano de la nena para llevarla al paraíso gracias a Air Suply, Barry Manilow o quien haya sido dotado del don de hacer melodías suaves y empalagosas. El momento mágico del que les cuento, donde la mirada de "sí, dale" o la leve sonrisa de aceptación te llevaban al cielo sin escalas, se contraponía con el efecto "baile de la silla" que podía dejarte sin nada, corrida desesperada para capturar los seres más aceptables posibles dentro de una fauna que iba de maravillosa a dignas de NatGeo. Darwin debe haber elaborado su teoría de la evolución en una corrida de este tipo, cuando un Dj pegó los lentos y vió in situ cómo sobrevive el más fuerte. Quedarse con las manos vacías te fulminaba la noche 2 horas antes. Lo peor del mundo era que en un determinado punto, si dormiste o no fuiste lo suficientemente rápido, hasta los bagayos más plumíferos y desagradables del mundo te decían que no, con el poquito orgullo que podían llegar a esconder debajo de sus narices de Capusotto o dentro de sus panzas de Michael Moore. Cielo e Infierno. A las 4 y media o 5 de la mañana en el preciso momento que un Disc Jockey (DJ no existía, como no existían las siglas en ingles) se le ocurría poner el vinilo salvador. La incomparable situación de estar bailando justo en la transición, también era una prueba de fuego donde tu destino estaba tratando de anotar algo en una libreta sin ver un carajo dentro de la cabeza de la niña inocente, que sabía que su cuerpo estaba a punto de convertirse en la autopista donde bólidas manos iban a recorrer toda su extensión sin necesidad de las guías de YPF. No cabía otra que poner cara de "está todo bien, soy buenito, no te voy a hacer nada" y rezar, rezar mucho, pedirle a los cielos que se quede con vos y te regale los lentos como trofeo máximo. Menos de diez centímetros era la distancia que separaban la gloria de la ruina total. Cuando sus manos pasaban por arriba de tus hombros, abrazándote, se generaba una mezcla de alegría, excitación y elevación de masomenos 40 o 45 grados de temperatura en todo tu cuerpo; tus fantasías empezaban a enloquecer desquiciadas imaginando besos y caricias que era todo lo que podían soñar. Ahora, cuando estas manos que unos instantes atrás se agitaban felices al ritmo de la música, se detenían en tus clavículas diciendo "no negrito, ni loca bailo lentos con vos" traía consigo una de las humillaciones que sólo empaté años después en la cama diciendo "te juro que es la primera vez". Los lentos eran un ritual que nadie, por más doritos que coma, va a poder ver en toda su plenitud. Era el momento esperado en toda la semana. La previa que duraba 7 días, como dice una campaña que intenta decirle a los pibes que no tomen éxtasis, era llegar a lo más alto a la vista de todo el mundo. Si hubiera existido youtube, la mitad de los videos serían de pibes victoriosos bailando lentos, zarpando gancho como lo haría Shiva y sus múltiples manos. Tus amigos corroboraban que no se habían equivocado brindándote su amistad, eras un pibe que bailaba lentos todos los sábados. Un campeón.
Tocar, besar, abrazar, acariciar, apoyar, chamuyar. Eso lo disfruté los 4 o 5 años que duró. Pasaron más de 20 años y nada de lentos. O sea: cuando hubiera podido disfrutar a pleno de ellos, de Foreigner, de Christopher Cross, de Extreme, de Michael Jackson, en mi momento de mayor levante, con facha, con caripela, con pilcha, con guita, con labia. Con todo lo que no tenía de los 14 a los 18 años ¿qué pasa? DESAPARECEN DE LA FAZ DE LA TIERRA. Chau, nada de lentos. Adiós charla al oído, besos al cuello, acariciadas de nalga. Chau, para siempre.

HASTA HOY.

Hoy, hoy carajo que tengo una hija adolescente. Que está lleno de pendejos que te la ponen en el tren si te descuidás y que se cojen a un bombero quemado!. Que no les importa nada de nada y que lo único que quieren es mandar mano al culo. ¿Por qué? ¿Por qué mierrrrrrrda a estos hijos de mil puta de Doritos se les ocurre sacar esta campaña? JUSTO AHORA. Encima van a hacer tanto quilombo que lo van a lograr. Van a empezar a poner lentos hasta en la Moonpark. Diganme por favor ¿por qué? ¿Qué mierda te hice dios la puta madre que te parió para que me castigues de esa forma? ¿Para que me la llenen de manos a mi nena, a mi bebé que hace un rato me miraba sin decir nada desde la cuna? ¿A mi Anï que estaba en pañales hace prácticamente nada? No solo borraste los lentos de nuestro planeta cuando más jugo (cuack) les hubiera sacado, sino que me los traés de vuelta justo ahora que mi hija tiene reacciones nucleares con sus hormonas!

Propongo hacer una cruzada para que NO vuelvan los lentos, para que estos depravados drogadictos (hijos de madres histéricas que fueron manoseadas por todos, atorrantas que hoy se encaman con el portero paraguayo porque el marido está ocupado dándole a la secretaria y no les da bola. Trolas que tuvieron a estos hijos de mil putas que no sirven para nada), se queden con las ganas de tener institucionalizado un momento para hacer con sus extremidades lo que se les venga en gana. No señores, y no me vengan con que la nena acepta de buen grado, eso es por presión social. Por Doritos. Por la droga, por la tele, por tinelli y el caño, por los fotologs que las tienta a ser lo que ningún papá digno quiere que sean. No viejo, digamos NO a este flagelo que nos quieren imponer, como Halloween o como San Valentín.

Mierda que complicada que la tengo.

otra carta de papá

"Solo la sensibilidad vale para presentir el arte"

Estaba por cenar pero me arrebató el recuerdo de la conversación que hace un par de horas tuvimos, estando yo en casa de Johana.
Así como lo digo, de golpe, un sinnúmero de imágenes me invadieron a un mismo tiempo; no obstante la palabra Berlin sobresalía de todas ellas como la cumbre de una montaña sobre las otras. Y me acordé de Jasón. Así.
Tienes la misma existencia de aquel que buscaba el belloncino de oro a mucha distancia de su patria, allá, en el quersoneso táurico.
Vos buscás imágenes de oro en ciudades tan alejadas, que no solo tienen distintas palabras, sino que hasta las estrellas que pueblan sus cielos son diferentes.
El griego tenía por compañeros a príncipes de reinos; vos te rodeas de hombres que también son príncipes, pero del reino del arte (no es poco)
Al igual que aquél, sos un protegido de los dioses. Al "hombre de una sola sandalia" le otorgaron fuerza, inteligencia y determinación para cruzar mares de terror, con témpanos que en medio de la niebla, estrujaban a las naves y al corazón; a vos te otorgaron el don de oir el sonido del arte con la piel (por eso se te eriza tan a menudo) en un mundo también de hielos, donde una moneda tiene más valor que un ocaso y eso también estruja el corazón. Además, te otorgaron la facilidad de atrapar las figuras de la imaginación y fijarlas en papel (no es poco).
No temas, te van a acompañar los recuerdos por siempre; es lo único que acompañan al hombre hasta la última puerta.
Como al héroe de la hazaña que ya viejo, queriendo ver por vez postrera a sus "Argos", se sentó a su sombra y los dioses hicieron desprender el mascarón de proa que puso fin a sus recuerdos, que en realidad son la verdadera vida. Así, un día entre los días, será el último para vos y un recuerdo final volará sobre tal o cual figura de un museo, como un pájaro que se pierde en el horizonte.
En la creencia de aquel pueblo antiguo, los dioses nunca abandonaban a sus elegidos; vos sos uno de ellos. Cuando te acorrale la tristeza o el infortunio, pensá en esto.

(EDITED)

Éstas, tus cosas para conmigo, son las que hacen que la vida valga la pena ser vivida.
A veces pienso, quién sabe si uno merece tales suertes.

martes 4-3-08

links (updateado)

Vengo de hilvanar un par de lecturas de blogs súper interesantes, de gente que sabe escribir, que escribe de verdad. Textos que me atrapan, me hacen reir a más no poder o me emocionan profundamente. Me quedé como idiota, con ganas de cerrar el pico y dedicarme a escuchar, a leer a los que saben. No perder el tiempo. Pienso: ¿por qué no me dedico a lo que sé? ¡Irrespetuoso de mierda!. Debería reprimir las ganas de ser algo que no voy a ser nunca. Siento vergüenza en este momento como hacía mucho no sentía. Enorme, ganas de cerrar este espacio para siempre y no escribir más. Poner un link para que no pierdas el tiempo y no te pierdas esas glorias que merecen ser leídas mucho más que estas paparruchadas inútiles de improvisado.

http://orsai.es/2008/02/don_marcos.php

(al otro día)

Bah, a quién engaño, voy a seguir escribiendo boludeces y posteando cosas como un gil. Sólo tengo que sacarme esa camisa de Nessus que a veces me pongo, que siento me quema como el infierno, cuando en realidad no soy un héroe mitológico, sino esto que ya sabés. En fin, a veces por impulsivo me creo unos fantasmas abismales y los describo acá, tratando de ahuyentarlos y lo único que hago es que me veas, como un loco, revoleando un trapo al aire, tratando de que vuelen miedos que solo yo conozco y que solo yo veo.

detalles

Hay una cosa que mis limitaciones van a impedir que sientas, y me frustro por ello, es poder describirte en la inmensidad de cada detalle, lo que era para mi vivir en Spegazzini. Cuando mis viejos se separaron, en el año 73, con unos meses de empezadas las clases, me fui de Temperley a vivir junto a mamá y mis hermanos a lo de mis abuelos al fondo del sur del gran Buenos Aires. Mi abuelo se había convertido a fuerza de libros y curiosidad en un mago de la galvanoplastía sin haber pisado una universidad, podía hacer maravillas con la electrólisis y tenía unos cromados inimitables, esa fue la razón por la que le ofrecieron ir a Gilera como ya les he contado por ahí, a vivir a un barrio de 14 casas. Y es ahí donde yo vengo a descubrir con los años, que he pasado momentos de inmensa felicidad. Leí hace un tiempo un librito, que cuando curioso llego a la contratapa, hace una mención de que una parte mágica de nuestras experiencias están conformadas por cosas fugaces. Al llegar a Spegazzini, esas cosas fugaces permanecen inmodificables y la sensación que vivo es de tener 10 años nuevamente. El olor de los pinos, la textura de la tierra negra como la oscuridad, donde hacía mis pistas de autos ayudado con una madera, la luz entrando por la ventana de la habitación de mi abuela (donde quedaron encerradas mil historias) el ruido de la ruta lejano, que se pierde hasta que algún camión me lo devuelve. Los eucaliptos, las chicharras en verano, la calle de tierra con sus piedras y mi perdida habilidad de caminar descalzo sin hacerme nada en los pies. El bosque y su magia que aún conserva pese a que ya no puedo entrar sin pedir permiso y no hay más peras que juntar a la hora de la siesta. Cuando crecimos en esta casa donde las puertas no se cerraban con llave y las rejas eran objetos que me remitían a palacios lejanos, la libertad era mi compañera de vida. Uno podía ir a cualquier lado a encontrarse con la más inverosímil de las aventuras sin temor a nada. Nadie había imaginado las atrocidades que hoy vemos en la tele. Se me ocurre una ingenuidad y una actitud ante la adversidad distinta a la actual. No salían a chorear en la primera de cambio. Spegazzini tenía 7 fábricas y la gente que vivía aquí era prácticamente la masa obrera que trabajaba en ella. Pese a que la humildad fue siempre el común denominador, nunca faltaba la invitación a tomar la leche, como se decía en esa época, cuando caía a la casa de un compañero que su viejo no llegaba a fin de mes de la misma forma que no llegaba mi vieja. El pan cortado distinto que en casa, la falta de té, el vascolet en vez del nutri superhijitus, galletitas sin marca sacadas de una lata con ventana de vidrio en el almacén de la esquina que fiaba para poder vender.
Salir en bici a descubrir mundos en los mismos caminos de siempre a correr carreras fantásticas. Como eran las batallas de San Lorenzo en la casa de Pablo Alzugaray donde rodeábamos, como lo hicieron los valientes criollos, un enemigo compuesto por una doble hilera de pinos que nos ofrecían el ejército más realista que unos mocosos podían soñar; luchas plagadas de incongruencias históricas, a espada limpia, donde Napoleón peleaba con un San Martín mucho más heróico de lo que cuentan los libros. La historia era fuente de inspiración para nuestros juegos, Ulises, Zeus, Atila, Custer, los alemanes o las brigadas rojas jugaban con nosotros. No existían las xboxs, las espadas laser ni las pistolas de plasma. Los únicos monstruos que conocíamos eran los langostinos con plumas de las películas japonesas que pasaban en "Sábados de Súper Acción" por canal once. Los chicos no veíamos películas de grandes, crecí con el blanco y negro teniendo una imaginación a todo color, con una tanda publicitaria que cortaba todo a un nivel que en el futuro no van a poder imaginar. La lectura era la salvación cuando no había qué ver y esa fue mi salvación.
Ir a casas de compañeros de escuela o de amigos era más habitual que hoy. Ver en esas mesas ajenas otros diarios como Crónica y Popular, me ayudaron a comprender mejor esa gente, esa argentina que fue la que conformó degradada por la inmundicia con las que nos baño gobierno tras gobierno, el Spegazzini de hoy. O peor, el país de hoy.
Tomar el Cañuelas o el 306 para ir al cole o al volver, las tardes de jugar en la Plaza del pueblo. Esperar a Granny que salga de la Farmacia, cerca del bar de Garay donde mi abuelo primero y mi viejo, unos años después, se maltrataron no sólo el hígado sino también la vida. El Anteojito que todos los jueves que compraba mi abuela en el kiosko del manco en la entrada de la plaza frente a la estación, en una garita que aunque me digan que hace años no está, la sigo viendo. Las bolsas de caramelos cuando se caía un diente, cuando no existía el Ratón Perez, sino roedores anónimos como los ratones. Los inviernos eran crudos no sé si por las extremas temperaturas o por la falta de papá. Pero recuerdo caminar arriba de la escarcha en las zanjas o en los enormes charcos que se hacían en el camino al pueblo. Iba al cole en pantalones cortos en días que se congelaban los mocos. Todo era así. Extraño. Como éramos los Rucci en la escuela del cura. Creo haber sido junto a Oscar Eichsler y mi hermana Johanna, los únicos rubios no sólo del cole sino de la zona. El favoritismo vergonzante de las maestras hacia mis hermanos y conmigo en especial, hicieron que hoy recuerde estar almorzando en el sector de maestras a upa de una de ellas comiendo una ración super-extra de salchichas cuando el resto tenía que cazar durante horas entre la polenta con salsa para hallar un par de rodajas. Increíblemente nadie nos odió por eso. Y fuimos saludados por donde anduviéramos, muchas veces sin saber por quién; ayudado esto porque nos confunden a Patricio y a mi, pasa todavía hoy. El colegio fue una época maravillosa. (imagino la cara de mi hijo si leyera esto) Maravillosa en su totalidad. Con una amistad profunda, sana, amplia. Con chicas que me miraban con una cara con la que no miraban a nadie más. Con un liderazgo muy sutil, sin padecer bromas ni gastadas, tuve una primaria inmaculada. Buen alumno, movilizado por saber desde siempre. Sin internet, sin canales educativos. Todo el conocimiento estaba encerrado en el aula, una enciclopedia y lo que García Ferré publicaba a todo color junto a Pelopincho y Cachirula. Hoy es más fácil. Los pibes jugábamos en el cole como lo hicieron todos los pibes en todas las épocas, jugando con pelotas de papel o medias, corriendo en recreos que hacían que el olor a chivo en el aula a la tarde sea increíble. Tardes tranquilas de pupitre y charla. No imaginen maestras entrando a clase diciendo "good afternoon children" porque no, la tarde era lo mismo que la mañana pero más tranqui. Hacíamos la tarea para poder llegar a casa y jugar, ver Ladrón sin Destino y salir a hacer volar la cabeza después de tomar el té.
Era horrible a la pelota porque hasta que fui a Spega no tenía con quién jugar o había jugado sólo en la vereda, pero le puse una garra que mereció el respeto de todos, por razones que desconozco, pasé de jugar abajo haciendo bulto, a jugar arriba y con los años pude entrar feliz a la cancha sabiendo que podía hacerlo bien (modelo Gareca) metiendo algunos goles. La joda se terminaba cuando gritaban nuestro nombre para que entremos, como lo está haciendo ahora Granny avisándome que deje de escribir que ya puso la mesa y se enfrían los scones.

continuará

errores

"¿Para qué repetir errores antiguos habiendo tantos errores nuevos por cometer?"
Bertrand Rusell

perdida

Piriápolis no es un lugar. Es un momento perdido en el tiempo. Se hace difícil saber cuál es; no es fácil descubrirlo ya que por un segundo parece 1970, pero de pronto pasás por una calle que te deja en 1960. O más atrás también cuando te internás en el laberinto temporal que es el Argentino Hotel, donde la belle epoque dejó un señuelo para que nos enganchemos aún hoy. Piriápolis es un pedazo de Uruguay que parece un boceto extraviado de Cannes que alguien encontró y reconstruyó a su manera. Su rambla, sus escalinatas, sus palmeras y su mini Carlton. Es divertido caminar tratando de adivinar el preciso lugar histórico de cada cosa. Obviamente los carteles tienen el nuevo logo de Pepsi y la gente viste como en cualquier otro balneario. Pero siempre aparece algo fuera de tiempo. No sólo los autos y las casas nos confunden. Es la ciudad que como un giro irónico al retrato de Dorian Gray, permanece en un estado de constante vejez. Estamos en medio de otra dimensión, cautivados con su misterio, su color y su reflejo de gloria que imagino tuvo, no por señales que haya descubierto, sino por esas ganas de tengo siempre de que las cosas hayan sido hermosas por lo menos alguna vez.

habitación de mar

Las aletas de plástico gris del ventilador giran llevándome un poco de aire fresco. Por el mosquitero asoma el ruido de unas herramientas de una obra en construcción, mientras el sol mira a ver qué hace hoy entre nubes que juegan carreras hacia el mar. Las habitaciones de una casa de playa son todas iguales. Les falta algo para ser un cuarto de verdad, tienen todo casi a punto pero indefectiblemente les falta algo. La imperfeción, lo berreta y lo incompleto son los comunes denominadores. Un tornillo que no está, un mueble barato, una puerta que no cierra, zócalos colocados mal siguiendo quizás una ley que desconocemos. Tirado en una cama que hace honor a dónde está, sobre un colchón nunca amado, descubrí mirando al infinito, cada nudo, cada empalme desfazado de los tirantes del techo, hecho con una madera de pino avergonzada de su origen brasileño, teñida de un color que le da una identidad que no le pertenece. La arena enroscada entre las sábanas me raspa la espalda en represalia por haberla raptado; no resiste su destino de algodón cuando era parte del inmenso azul, tirada bajo el sol por siempre hasta que me la llevé sin querer. Mientras decido si me levanto, me desperezo por última vez, me voy al living sin besar a mi novia que aún sueña, abro la compu y tipeo: Las aletas de plástico gris...

tipo copado

Steve Jobs es el Walt Disney de la tecnología

negro

Por una extraña correlación de eventos, tuve que ir a encontrarme con mi hermano a Parque Chacabuco una tarde de calor infernal en la ciudad. Salí tarde de casa con música y ganas de tirarme en el pasto en Spegazzini que era el destino final de mi viaje. La carambola rutinaria de combinaciones bajo tierra me llevó a un punto desconocido como el subte E. Cuando subí, me dió la sensación de estar en otro país y justo cuando tenía dando vueltas en mi cabeza cuánto habíamos cambiado, se sentó delante mío una parejita de bolivianos. Estos pibitos me despertaron una ternura enorme. Tímidos, mirando desde abajo casi pidiendo perdón, vestidos para salir, llenos de amor besándose con vergüenza, ellos o sus viejos vinieron para acá quizás tratando de escaparle al hambre como lo hicieron la mayoría de los que hicieron este país. Juntitos, preparados para disfrutar la maravillosa "Argentine way of life". Inmediatamente me vi a mí, sentado en la otra línea E, yendo con Marian a Manhattan con las mismas caras de ajeno, o Patricio sentado cómodamente en el tube para ir a laburar.
Ser el "otro".
Me quedé enroscado con esto, cómo todos somos negros de alguna manera. Me encontré más de una vez jugando al fútbol con unos morochones bien ásperos que harían cagarse en las patas a Shaquille Oneil, hablando de otros como "esos negros villeros" No me imagino cuán extensa y sutil puede ser la escala de villeros pero ahí vi clarito como hay una pantonera* social y cualquiera sea tu color de piel, todos, absolutamente todos tenemos alguien arriba y alguien abajo en el espectro cromático-social. Al otro día, cuando estaba volviendo de Spegazzini, acompañado por mi viejo y su bici, mirábamos la plaza del pueblo, y la desconocí por completo. Ojo que hablo de Spegazzini, no de Montmartre. Parecía Oruro, Tarija o Potosí. Le pregunté a papá si se veían los sombreros de felpa que usan allá y no me sorprendí cuando me dijo que más de lo que me imaginaba.

Pensé en los que se van por Iberia, los que vienen, en escaparle a la miseria, a la injusticia, a la explotación (encontrando una peor), en los que vinieron en barco, los tanos, los gallegos. El mundo se está mezclando más que nunca. Y todos somos Bolivianos en algún lugar.


*pantonera le decimos en diseño al catálogo de color de la marca Pantone®

boludeces

Si hay una mierda, una mierda enorme, esa es la angustia. Es un masacote pegajoso, profundo y doloroso que te atrapa con una fuerza tal que resulta imposible escaparse. Me duele la angustia, es uno de los sentimientos más negativos y que más me afecta. Me produce una depresión tan onda que no sé cómo salir. No hay lugar para la imaginación. Para colmo, cada vez que me angustio, las ganas de vivir se toman un bondi y se van lo más lejos que pueden, me quedo como un pelotudo con unas ganas de suicidarme tan grandes, que si pudiera, si tuviera la libertad necesaria, me dejo de joder de una vez por todas. Ya sé, ya sé, yo leí el post de Juan. Es así, tiene razón. Pero cuando estoy así no veo. Sólo siento y lo que siento es una mierda. No importa el motivo, puede ser una idiotez o no, pero ya de por sí cuando estás angustiado, fuiste. Cagaste. Yo estoy atravesando una etapa jodida en el análisis sobre la mierda en que me he convertido. Sobre qué me depara el futuro. Paradójicamente, salvo la guita, el día a día es bueno. Una cosa es lo que pasa y otra muy distinta lo que siento. Y ahí se arma la rosca. Ahí aparece la angustia que se prende como un velcro dejándome inmóvil, sin ganas. Y cuando estoy sin ganas, es cuando estoy muerto.

Un día alguien que no recuerdo bien quién fue, me dijo: "los cuentitos que escribís son una mierda, pero cuando contás tus boludeces, está bueno" ésta es la excepción.

chin chin

Por mis hijos, por mi novia, por los que amo, por mis amigos, por mi viejo, por mis hermanos de sangre y por los nuevos, por los que no están, por mi coequiper, por los chicos del laburo. Por los que no me banco más, por los ingratos, por los que enseñan, por los que están lejos, por los que están cerca, por la salud de mario, por los sanos, por los enfermos, por los nuevos parientes, por la rebeldía. Por el no!, por el sí!, por los que vendrán, por los que ayudan, por los que nos cagan, por los que son infelices, por los que se sienten plenos, por los que nos recontracagan día a día, por mis jefes, por los chicos que comen salteado, por los que no. Por la argentina y su pobreza de espíritu y por uruguay que padece los mismos males. Por el que le siga a Bush que peor no puede ser, por los sueldos que tienen que subir, por los cambios, por mis cosas, por mis ideas, por las ideas de diego y ariel, por mis trabajos, por mis premios, por mis fracasos, por mis decepciones, por las ideas de mierda, por las geniales. Por los que van a nacer este año, por los que se van a morir este año. Por la suerte. Por la inteligencia. Por la piedad. Por la fe. Por mi analista, por mis cambios, por mis miedos, por mis traumas, por mis incapacidades, por mis mejoras, por mi pasado, por mi futuro. Por el auto que no vendo, por los sueños, por los viajes, por mi casa, por el miedo a quedarme sin ella, por los que me robaron. También por los que no veo, y por los que veo todos los días. Por los que me aguantan y por los que no me soportan. Por las buenas películas, por las fiestas, por las cosas que están prohibidas, por la música, por rapidshare, por internet, por este blog, por mis fotos, por flickr, por la 360. Por las truchas del sur. Por lo que dejé. Por lo que viene. Por la vida. Por la esperanza. Por vos. Por mi. Por eso voy a brindar hoy a la noche y cuando levante la copa, voy a acordarme de esto y de mucho más.

Por lo que no hace sombra, Feliz 2008

gracias a todos. Flavio.

wilde

An idea that is not dangerous is unworthy of being called an idea at all.

¡qué va a ser!

Hoy Belén, una amiga de Ariel me preguntaba por flickr si estaba enamorado y erróneamente contesté (sin pensar, obvio): "SIEMPRE". Mentira señores, no estuve siempre enamorado. Cuando lo estuve, fue tan a pleno que dolía. Como me duele ahora que no estoy con Mariana. Me enamoré por primera vez de una compañerita de jardín pero voy a dejar en ese puesto a una chica que se llamaba Marcela Paulisich, teníamos 9 años. Era la más linda de la escuela, recuerdo cuando vino a mi cumple y me regaló un libro que aún atesoro. Un poco después, otra Marcela fue la destinataria de todo mi amor, estuvo en el cole sólo un año pero su marca quedó indeleble y como suele ocurrir, pienso ahora qué habrá sido de esa nena hija de un médico que vivía en Monte Grande, dónde estará? En esa época vino una seguidilla ininterrumpida de conquistas, me acuerdo de Marisa Brown a quien nunca besé. Luego comenzó una lista de amores no correspondidos, casi escribo no comprendidos que sería una buena palabra para explicarlos. Me enamoraba de chicas que no podía tener. Como una amiga yankee de una vecina de Marcelo, o Marisa Torres. O como la rubia que tomaba el colectivo en la esquina en Pasco y Tejedor, a quien un día la providencia la puso enfrente mío en la casa de una profe particular donde preparaba un par de materias, para que le explique matemáticas porque estaba adelantado. No creo que haya existido alguien tan feliz por ver a alguien en la historia del hombre. Aprobé con 9 y a ella no la vi más que un par de veces en el mismo punto del universo donde dejé mi corazón para que nunca lo agarre. (hace poco pasé por ahí y miré a ver si todavía estaba). Vivíamos en temperley y yo iba al industrial. Increíblemente mi división tenía 6 chicas. Sin exagerar era como estar solo en el paraíso con 6 evas. Les voy a confesar que me enamoré de 2 de ellas sin ningún tipo de éxito. Atravesaba una racha en el secundario de invicto, perdedor infalible que contrastaba con el primario donde era la mosca blanca (litreralmente) e hice lo que quise. Miriam Cuarchioni fue la primera, y la pude olvidar gracias a María Victoria Shutke a quien no olvidé nunca (WHATEVER como se escriben todos estos apellidos). Lo peor con Mavi es que en algún momento, mucho después, me enteré de que ella también estuvo enamorada de mí o algo parecido y mi incapacidad total para hacer algo bien, hizo que nunca pasara nada. Tres años sufriendo por lo que no fue, hasta que aparecieron vientos benévolos y rachas que compensaron tanta amargura. Silvia Bertoni fue quien me regaló mi primer beso, las tres Lauras de las que sólo retengo el nombre y alguna que otra imagen. Nombres sin rostros, imágenes borroneadas que aparecen de vez en cuando. Chicas que pasaron hasta que el amor me destrozó la cabeza primero y el corazón después con Stephanie. Romeo y Julieta eran Hitler y Anne Frank al lado nuestro. La definición de la palabra pasión no necesito buscarla en los diccionarios, la viví. Cuando me dejó, cuando me quería morir, cuando lloraba todo el día, cuando quedé de 63 kilos en un mes y pensaba que nada tenía sentido, apareció Nanina y su despliegue de desfachatez y sexo me hizo olvidar por un momento el vacío que sentía (que tal vez nunca llené). Pese a lo que éramos los dos, pese a lo que era ella, creo que alcancé a enamorarme como luego lo hice de su hermana. Pasaron como en un tubo venturi unas cuantas muchachas. Era un nene de veinte pocos años con la fuerza de un toro y movido por un motor de tres millones de caballos. En esa época tuve de todo menos amor y durante los 90's fue aún peor. No me sentí enamorado pese a que conviví y me casé. Hasta que me aburrí de la falta de amor. Y apareció una compañera de trabajo y luego otra. Ninguna es la que imaginó Silvia con su enfermedad. Seguía enamorándome de la mina equivocada, como Inés o alguna otra, hasta hoy.

Belén, tendría que haberte contestado: "Sí, como hace mucho tiempo lo estoy. Estoy locamente enamorado, tanto que lloro de sólo pensarlo, tanto que la necesito como no necesite a nadie en mi vida. Me emociona un recuerdo, un perfume, una canción. Como lo estaba con la chica rubia de temperley que nunca pude tener. Como un nene que está pensando cada segundo en ella. Como cuando siento que parte mío está en la otra orilla. Como cuando estoy en camino para vernos. Es cursi estar enamorado y las lágrimas que caen en el teclado me dicen que sí, que lo estoy y que es maravilloso".

Es por esto que la próxima voy a pensar mejor lo que respondo, así después no cometo el crimen de convertirme en un ser empalagoso que sale corriendo a escribir porque una canción le puso la piel de gallina, y una incontinencia de palabras lo lleve a ponerse colorado para después decir: "¡qué va a ser!"

paciencia

Tenés que tener paciencia, estoy vago, estoy cansado, estoy con cosas en la cabeza y no puedo sentarme a escribirlas. No puedo regalarte lindas historias. Tengo un viaje que aún no registré, una vuelta al trabajo complicada. Una hija que cumplió 15 años, un hijo que está compartiendo cosas y tiempo conmigo. Un amor que está cerca en un sentido y lejos en el resto de ellos. Tengo sueño, mucho sueño y ganas de dormir un mes o dos. Pero no puedo darme ese lujo, tengo que seguir hasta que pare de dar vueltas o me muera, lo que ocurra primero; por eso quiero que sepas que aunque inútil o insípido, este espacio va seguir vivo porque es de las cosas que me mantienen de pie.

voices

If you hear a voice within you say "you cannot paint", then by all means paint, and that voice will be silenced.
Vincent Van Gogh

asado

Los asados en Spegazzini fueron siempre sinónimo de reunión. Esta casa nació como un bonus a mi abuelo por venirse al fin del mundo a cambiarle la cara a la galvanotecnia de una fábrica que por ese entonces producía motos. Un inglés viviendo en italia porque si hay un little italy en argentina, es este barrio de 14 casas detrás de la Gilera. Recuerdo sus asados multitudinarios, con los obreros que mucho después de su muerte siguen recordándolo, como se recuerdan esas personas especiales con las que uno se cruza en la vida. Recuerdo también los asados donde todos los O'Brien nos juntábamos algún que otro fin de semana. Más acá en el tiempo quedaron los asados con mis hermanos, mi vieja y mi abuela, nunca faltaba un invitado. Familia o no, esta casa fue punto de reunión para mucha gente. Los hubo escasos y también desproporcionados, los hubo exquisitos y no tanto, hemos disfrutado o (mucho más) extrañado mollejas pero no importan los ingrediendes, las ganas completan lo que falta. Luego vinieron asados con mis amigos primero y con mi viejo después. Asados con primas de mamá, con sus hijos. Y así, durante casi 40 años, esta casa fue testigo de ceremonias que eran mucho más que tirar carne arriba de las brasas. Durante una etapa que, por algo se escapan los motivos de mi memoria, no hubo asados ya que no había nada que celebrar. Tiempos de visita solitaria a un padre solitario. No había clima de asado. El asado es festejo. Nadie hace un asado cuando se muere alguien; salvo el tano Marzano que lo hizo cuando murió Perón pero por algún motivo tan especial como personal. El asado refleja un estado de ánimo nacional que sólo pueden entender los que vivieron esta tierra, ahora debo pensar en algún uruguayo, pero son casi lo mismo. No hay asado en París. La celebración misteriosa que envuelve la más gaucha de las comidas, es única en el mundo.

Y acá me encuentro, en mi casa, rodeado de verde a punto de prender un fuego. Con mis chicos en lo de mi hermana, con mi viejo preparando el encuentro con sus queridas truchas, con el dueño de casa cabalgando detrás de sus sueños. Sin grampapa ni mamá ni granny. Porque aunque esté solo, hoy tengo mil motivos para estar feliz y es por eso que voy a hacerlo para uno.

¿O no creen amigos míos que eso merece un asado?

mentiras

"El amor como el odio, se alimentan de mentiras"
Marcel Proust

Bajo el peso de la ley

Hace casi 20 años Jorge me armó una lista con pelis IMPERDIBLES para conseguir en VHS, cosa que no era nada fácil con algunas de ellas y siempre recordé especialmente: "Down by Law" de Jim Jarmush. Otras glorias estaban anotadas desordenadamente en el papel, como "Stranger than paradise" también de él, "El amigo americano" de Venders o "Eraserhead" de Lynch. No sé por qué pero por una razón u otra, no vi ninguna peli de Jarmush hasta hace muy poco que debuté con "Broken Flowers". Siempre estuve atento a lo que hacía pero no había caso y Bajo el peso de la Ley era una asignatura pendiente, una deuda conmigo. Jor era amigo de Mile (el hijo de Alfredo) y fue también compañero de sueños. Trick era nuestro experimento de diseño en el que aprendíamos y trabajamos durante un tiempo. Vivimos una etapa soñada y Jor era la pata culta de esa banqueta de tres patas. Jor el nene bien, Jor era Europa. Era quien trabajó en Ibiza en un bar en un barco. Quien tenía madre psicóloga y padre médico en España, era el que tenía piné y el único que había salido de Ezeiza para asomarse al mundo. Tenía la experiencia de haber vivido la movida española, la experiencia que los chicos del sur imaginábamos soñando despiertos. Sus amigos eran "hijos de" o gente que salía en las revistas. Sus novias eran especiales (las nuestras eran unas chinitas de barrio sin ninguna expectativa) Tiempo después entendí que pasaba en su baño de Thames y nunca entendí lo que pasaba en su cabeza. Ese mundo que nos describía como un maestro, con algo de vergüenza, me deslumbraba. El ansia de hacer algo importante, de poder recorrer el mundo. De poder estar en Londres, de usar una reja llena de años y de arte como textura para un diseño o tener un libro de Mariscal para poder respirar su talento. Eran las ganas de conocer y hacer.
El tiempo pasó y nuestros caminos tomaron caminos predeciblemente distintos, haciéndose paralelos como si nunca se hubieran tocado. Hoy trabajo a la vuelta de la casa de su suegra y hace poco me crucé con la novia de ese entonces, hoy esposa y madre de sus hijos pero la charla de rutina averiguándo qué nos pasó, no me movilizó. Fue recién al tener "Down by Law" en mis manos, que me acordé de esa lista y de todo lo demás. De las noches de tablas de queso a las 4 de la mañana, las noches sin dormir. De la ropa usada de Key Biscayne que su hermano Fer le regalaba más a mi pobreza que a mi falta de estilo. De la promesa que hicimos de ser los primeros en usar la tipografía Rotis de Otl Aicher; en un juramento que nadie recuerda pero que cada vez que la elijo, recuerdo. De las chicas que pasaron una madrugada preguntando, por un error de dicción mío, ante la salida del sol si teníamos que ir a la fábrica. Del deseo de conocer el Centro Pompidou gracias a sus relatos extensos y minuciosos (quizás porque creía que nunca podríamos ir). De su pedido que no vaya a ver Cinema Paradiso en el cine, evitando así un papelón antológico y junto a otras cosas, recordé mis celos por la admiración que tenía el enano por él.
Todavía no la vi la peli y la guardo para un momento especial, con la misma intriga de hace 20 años, sin la inocencia y sin muchas cosas pero con las mismas ganas de descubrir que desde entonces, a diferencia de la juventud y la belleza, se han mantenido intactas.

frase

"A clever man can be stupid... The contrary is totally impossible..."
woody allen

volví

volvidejapon, volví de chicago, volví de la DMA, volví de new york, volví de chelsea, volví de soho, volví de brooklyn, volví de harlem, volví del village, volví de times square, volví del subway y volví de las caminatas eternas, volví de broadway, volví del Met, volví del MoMA, volví de Central Park, volví de un lugar que amo y volví de estar con la mujer que amo. Volví a casa, volví a laburar, Aunque nunca me fui, volví.

La tranquilidad de saber quién soy

Mientras caminaba oliendo a canela por los pasillos del George Bush Airport, imaginando un latte en starbucks apenas llegue a Chicago. A paso firme, disfrutando de la vista y habiendo sido prácticamente el último en la aduana, veo con desesperación cuando llego a la "no puede estar más lejos" puerta 35 que perdí mi avión. Sip, algún día me iba a tocar. Influyó quizás que no tengo reloj y el celu me marca la hora de Holanda, no tenía idea de lo cerca que estaba de la catástrofe. Encima la desesperación no es todo lo que me corre por el cuerpo aparte de los litros de nerviosa transpiración, cuando estaba en la fila de la aduana, trataba de recordar cómo había sido el trámite en argentina para declarar la preciosura blanca que tengo en mis rodillas mientras tipeo esto. Ahí me doy cuenta que NO declaré la mac. Pánico, frío por la nuca, sucesión de excusas que redacté a la velocidad del rayo. No puedo creer ser tan pelotudo. A mi favor está el tema de la excitación, de tener que encontrarme con Luli acá y allá (acá la excitación no tiene nada que ver) y entre trámite y trámite colgué. Aparte, desde que salí de la agencia el viernes, cada noticia es más apocalíptica que la anterior: "Gral Paz a paso de hombre", "huelga en migraciones", "translado de Aeroparque a Ezeiza", pa, pa, pa. Suena a escusa pero estoy fuera de eje como si a la tierra la hubiera chocado júpiter.
Parece que estoy entrenando para las "Olimpíadas de Imbecilidad 2007" con altas posibilidades de destronar a todas las ejecutivas de cuentas de mi trabajo, batiendo todos los records, al tener una ausencia de sinapsis asombrosa.
Por lo menos tengo el celular, la macbook (por ahora), una linda vista a un bosque texano con aviones que van de acá para allá y una baranda en los sobacos más acorde a lo que soy: un negro de spegazzini.

Mi vida sin iPod

Por un error de cálculo* estuve sin iPod desde febrero y nunca me hizo tanta falta como en este momento. Se comprobó científicamente que existen pocas actividades donde este aparatito de la manzana no es imprescindible para ser feliz. Uno de ellas es arrojarse en valerosos clavados desde los acantilados en Acapulco, otra es durante el acto amatorio, siempre dependiendo de la compañía de turno, elegida o subastada (en Minessota una mujer logró tras un juicio controversial, el permiso para escuchar su iPod "de forma terapeútica", durante el acto sexual, cosa que causó revuelo en otros estados y la renuncia de la plana mayor de la Corte Suprema de Massachusetts) El resto de las actividades humanas se mejora notablemente con música aplicada directamente al fondo de los canales auditivos, al punto tal que a veces, merece la pena vivir. Pero no, hoy tengo una macbook en la bandeja y varios gigabites de gloriosa música pero brilla por su ausencia la conexión entre esta maravilla de la tecnología y mis oídos. Para peor, la compañía que me está llevando a Chicago, dispone de una variada y muy aceptable cantidad de opciones en sus canales de audio. Es más, hizo una de las emisoras que utilice el set de auriculares gratuitamente provistos para desfrutar de muy buenos tracks. Al conectarlos es imposible discernir entre el ruido que viene directamente de la turbina (por eso traen dos plugs para conectar) donde los ingenieros de la Roll Royce monitorean el correcto funcionamiento de éstas y el otro canal que es para la música que decodificaría con más facilidad si nos alcanzaran la partitura en braile del último hit de David Guetta. La calidad de los auriculares de Continental Airlines es extraordinaria (porque es más ordinaria que lo establecido como mínimamente aceptable por la cuarta enmienda de la constitución de los Estados Unidos) Creo sin temor a equivocarme que si la fábrica de jugos Mocoretá fabricara éstos accesorios, lo haría con mayor éxito. Toda esta situación me la gané porque no puedo cargar ni un miserable auricular, como el que uso en mi trabajo, ya que voy a ingresar al país un cargamento tan grande de iPods de última generación, que me puede llevar a la etiqueta del Whisky Old Smuggler sin escalas.

No hay caso, la falta de fidelidad en la música, me saca de quicio más que la falta de felicidad; porque aunque "suene" extraño, comparten algo más que un manojo de letras.


* error de cálculo sólo comparable al del Rey Mago Baltasar cuando visitó, para entregar souvenirs, un campamento del Ku Klux Klan en Carolina del Sur en enero del 65.

volare

Me encanta volar. La adrenalina del despegue, el envión en la panza cuando sube y dobla, sumado al descontrolado sistema auditivo que pide explicaciones tapándose y destapándose con desesperación. El traqueteo del aterrizaje, las vistas del cielo dado vuelta. Nunca tuve pánico de volar y desde hace unos años desapareció el miedo por completo transformándose en disfrute. Ojo que mientras escribo esto, hay una saranda a pleno, sacudiéndose todo como en un samba. Pero confío en los 767, confío en la Boeing y en Airbus. Hay mitos a favor y en contra de los aviones y algunos son infundados, otros no tanto. Veamos un par. Hoy mis chicos pontificaban la calidad de la comida de avión y decían que no había cosa más rica ni en la tierra ni en el aire. Quien haya comido en mi casa sabe que cocino relativamente bien (es sabido que Anthony Burdain ha insistido sin éxito durante años que lo invite a cenar pagando él los ingredientes) por lo cual toda duda sobre el paladar de mis críos es infundada. Les traté de hacer entender que les gusta por el simple hecho de ser sinónimo de vacaciones, de felicidad. Es la asociación más linda que hay y me pasa algo parecido. Creo que habría que hacer la prueba de darle de comer algo verdaderamente exquisito a un grupo de gente que viaje en avión a un campo de concentración o a laburar y que durante el test los traten como corresponde (trato que suele ser muy parecido en ambos casos paradógicamente), les griten, los maltraten, les paguen una miseria (aclaro que este punto aplica para el campo de concentración ya que con el trabajo es una condición intrínseca), no los incentiven y los valoren menos que a un copo de caspa de una gata peluda, experiencia infernal pero servido todo en una vajilla que la misma Catalina de Rusia envidiaría.
Luego a esos mismos individuos los llevás a Walt Disney World, 12 días todo garpo y en el viaje le servis una comida que raya la repugnancia todo en bandejita de aluminio, hirviendo y sin sabor. Además, durante toda la estadía de regocijo y felicidad le sacás el relleno a los ravioles, le ponés wasabi al postre y evitás todo mimo al sentido del gusto. ¿Qué creen que va a pasar cuando en condición neutra les demos de probar los mismos platos? ¿Qué asociarán?
Algo parecido pero en otro sentido, ocurre con la comodidad de los asientos. Un cristiano que vive en adrogué y viaja a belgrano, se pasa diariamente 4 o 5 horas en un asiento de plástico en el mejor de los casos. Lo apoyan, estrujan, le pasan temas a todo volumen de Ricardo Montaner, sus compañeros de viaje lo aromatizan con escencias guaraníes o con poet del altiplano, escencias que te acarician las fosas nasales de una manera inolvidable. Estoicamente soporta eso día tras día. Pero si llega a tocarle a esa misma persona en un avión: el asiento duro, que se inclina poco, está pegado al de adelante, no tiene almohadita o frazada, como puede ocurrir por ejemplo en American Airlines: "¡Ahhhhhh, no señor!" Es como el poroto en la cama de la princesa. Inaguantable. Y por más que vayamos a Montevideo nos sentimos larvas infrahumanas por viajar en esas condiciones.
En los aviones por más que vueles por trabajo la gente (será por un temor latente marca cañón) está en un estado de "Sonrisa a flor de labios" excepto cuando volvés desde Miami y te toca un regimiento de argentinos shoppineros que dejaron el Sawgrass en un estado similar a Bagdad tras el paso de los bombarderos de Bush. Peleas por llenar de bolsos los compartimentos, reclinadas de asiento cuando el capitan pide que en el despegue dejen sus asientos verticales. Caminatas y gritos entre amigos de estos desde la fila 9 a la 36. No quiera Dios que comparta el vuelo con un par de grupos con hijos pre-adolescentes porque es preferible que te ocurra lo mismo que pasa en Lost.
Dentro del avión existe un comunismo real donde nadie puede darse corte. Si volás por Lloyd Aéreo Boliviano, de Inglés sólo vas a obtener la primer palabra de la marca. Pasajes en el topolin de Cadorna Airlines o la oferta de despegar.com de vuelan 16, paga uno, Nadie puso un mango más que el que tiene al lado, excepto los de las primeras filas. Los agraciados con la posibilidad de volar en Business (asientos que pagan en su mayoría Compañías multinacionales) son otra historia. Sólo por poder dormir acostados y tener un menú aceptable, nos miran como si fueran miembros de la cúpula de Hittler y nosotros tuviéramos trajes a rayas con estrellas amarillas en el pecho. Si no fuera porque las autoridades están sensibles con las actividades dentro de las aeronaves en vuelo, nos escupirían y solicitarían derecho de vida como en la antiguedad. Hablando de sensibilidad por la paranoia terrorista, les cuento que a unas 8 filas adelante mío hay un musulmán con turbante bordó que todos sabemos significa: "preparado para inmolarse en nombre de Alá" a diferencia del turbante blanco que reza: " no me da volarte en pedazos pero dame una chance y tu nariz no va a estar más cerca de los ojos salvo que trabajen los de CSI en doble turno". Buena onda el árabe, acaba de ir al baño y pasar cerca mío sonriendo a troche y moche. Espero que no alcance a leer porque este último párrafo puede llevarme tras una quirúrgica incisión en el fuselaje producida por un chicle con trotil (que suelen llevar para ocasiones como ésta) a unos metros más alto de los 33.000 pies en los que estoy.

chicago

Me voy a chicago en unas horas, tierra de gánsters, de ley seca, de arquitectura, de arte y de matanzas famosas. Lugar de grandes fuegos, es la ciudad donde le gusta correr al viento. Sede del buen jazz, de los Blues Brothers, de los vuelos de Jordan, de los Bears y los Cubs. Estoy con erizos en la panza como siempre que voy a un lugar nuevo. Y luego, voy a ver a mi gran amor, a mi Spegazzini VIP. Me junto con mariana para disfrutar un poquito de Otoño en Nueva York, sin Winnona, sin Richard, pero con amigos. Pronto verán fotos en flickr y espero contarles historias, anécdotas o cuentos. Voy a por ti NYC, una vez más, con gusto a última pero con las ganas de siempre. Chau, si se cae el avión no me lloren. He sido feliz.

Alfredo

Alfredo vino de Italia de chico, sin su papá a quien esperó en vano en una estación de tren. Su padre se fue a otro país y las cartas llenas de amor, cada vez se distanciaron más, el espacio entre ellas se hizo tan grande como la ausencia en su alma. Pasaron los años y el enojo del abandono no impidió que, como tantos otros, mire para adelante y labure de sol a sol en su mercadito. Siempre con "coraggio e cuore contento", un día conoció a Antonia, tuvo un hijo, y otro, y otro y otro más. Aprendió sin tener de dónde a ser padre. Una noche soñó que abrazaba al suyo y lo perdonó, con la palabra papá todavía en su boca despertó llorando y ahí empezó a quererlo. Fruto de los barcos, este tano de Calabria hizo lo que pudo y alcanzó a ver cómo sus vástagos rebeldes echaron raíces. Soportó estoico la música y que su casa fuera la de muchos chicos más. Como yo, cuando vimos Cinema Paradiso con él, mostrándonos lágrimas inéditas; vivíamos en esa comunidad donde nuestro arte lleno de pinturas salpicaban las guitarras y los amplificadores.
Un día se hizo viejo y el Alfredo que se cuidaba (fue un new age de la primera hora) dejó el mercadito y pasó sus días disfrutando con su mujer, la naturaleza y la tranquilidad en la casa de Glew. Quinta de verduras, frutales y verde, subía a podar los árboles alcanzando alturas de equilibrista. Vivió feliz ese degradee de retiro, hasta que un día el cuidarse no alcanzó y tuvo un ataque que lo hizo perder por ahí. Años de esperar en vano el milagro y que nos devuelva el Alfredo de risa franca y mirada pícara.
Ayer lo vimos ir y no quiero que esto los ponga triste, porque sé que ahora mismo hay un chico corriendo por el cielo buscando a alguien que imaginó una vez y que cuando lo vea, antes de fundirse en un abrazo eterno, le va a gritar bien fuerte: "ciao babbo!"

alicia

Y de pronto, por seguir al conejo blanco que tenía una pequeña mancha, una estrellita naranja en la frente, me encontré dentro de su madriguera que de pronto torció bruscamente hacia abajo y comencé a caer. Así comenzó mi viaje y mientras caía ininterrumpidamente pasé la noche rodeada de oscuridad y destellos de color. Lo primero que hice fue nadar en el mar, profundo, rodeada de ballenas que me envolvían en una danza azul oscura, como un feto, daba vueltas ante la ausencia de gravedad y sentí la suavidad del agua y piel. Los caleidoscopios de arabescos y serpientes multicolores me dejaron un tiempo observando dentro mío, presenciando mi desmaterialización, la mezcla de mis brazos con las volutas de color y luz que envolviéndose hacia adentro (como yo) como una crema batida a mano. Fui serpiente, fui cerámica, tela, luz, madera, cables, lápices de colores, fui viento y fui sol, fui vos y fui yo. Mientras caía y caía en el pozo sin fin me preguntaba: ¿Comen murciélagos los gatos? Una vez mezclada lo suficiente llegué al fondo, me asomé en plena oscuridad y escuché: ¡Válganme mis orejas y bigotes, qué tarde se me está haciendo! volvió a pasar el conejo y lo perseguí corriendo. Esperaba alcanzarlo y como un ángel se metió en mí. Como una parte que me completa, que me hace un todo. Pensé que extraño! de pronto estaba dentro mío, era yo también.
Encontré una botella que decía "tomame" y luego de ver la etiqueta, lo hice de un trago. -¡Qué sensación más extraña! me dije. Me debo estar encogiendo como un telescopio. Así quedé pequeña, de 25 cm; anduve por ahí hasta que encontré una caja de cristal con un pedazo de pastel que decía "comeme" así lo hice y empecé a estirarme. ¡Curiorífico y curiorífico!
Lo más raro fue que apareció un gato sonriente. Le dije de pronto: ¿podrias decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar - dijo el Gato.
No me importa mucho el sitio... le dije.
Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes - me dijo.
... siempre que llegue a alguna parte - agregué como una explicación.
¡Oh, siempre vas a llegar a alguna parte -aseguró el Gato--, si caminas lo suficiente!
Y caminé un rato largo, No me crucé con ningún sombrerero loco, no me senté a tomar el té. Lo único que había era un bosque, un camino y detrás de un árbol apareció mi mamá. Me habló de mi hermana, que no la deje sola, que la cuide. Justo yo, lejos de todo, en el otro lado del mundo, luego de haber viajado por toda la tierra a través de un hueco, siguiendo un conejo blanco me encontraba ahí cara a cara con la Reina de Corazones. Me fui corriendo de ahí y después de un gran trecho,
bajo una lluvia de luz de rayos verdes, que se tornaron azules pude ver al rey quien me dijo un par de cosas que me hicieron feliz, me sentí amada por él, me dijo que era una gran chica, que era valiosa, que era un ser valioso. Su voz y su pregunta: "acá me tenés, tanto que querías verme" no pude decirle nada, me quedé muda, sin palabras. Escuchando temblorosa. Llena de felicidad.
Pero no habría juicio como en el cuento y no había naipes por doquier. Salí de ahí con mi hermana que me vino a buscar y me llevó corriendo por una ciudad que pasaba en cámara lenta. Llegué a casa y las cosas me saludaban alegres. Me lavé las manos y con alegría comprendí que en mi vida tenía todo para ser feliz, era cuestión de tomarlo, como ocurría con el chorro de agua que se me escapaba de las manos, me quité el anillo que llevaba puesto y dejé que la corriente pase a través de él, como un barril sin fondo que dejaba que todo pase, sin control. Pensé en irme a dormir pero quería que ese sueño no termine nunca y me miré fijamente en el espejo, contenta por entender que todo lo que necesitamos a veces está más cerca de lo que pensamos. Sin necesidad de correr detrás de nadie preocupado por llegar tarde, sino cerrando la mano y atrapando así un poco de agua para quitarnos la sed, y llenarnos de a sorbitos de algo que no puedo ahora describir porque siento en mis manos la guirnalda de margaritas que estaba tejiendo antes de perseguir ese conejo blanco y caer, o mejor dicho, despertar.

doce

Doce son los meses y doce fueron las pruebas de Hércules, doce son las uvas que se comen a fin de año, doce son las horas y doce son los huevos que comprábamos envueltos en diario. Doce también son las vueltas de la luna a la tierra en un año, doce son los apóstoles y los signos del zodíaco. Doce puede ser sólo un número o la eternidad que hace que te fuiste.

Hace 12 años se moría, en mis brazos, mi mamá de cáncer.

Te extraño vieja y te amo como siempre.

idea para cuento

Un hombre se da cuenta de pronto que encontró la felicidad y ésta no lo abandona. Cada momento es un deleite y la plenitud lo desborda. Con el pasar de los días la preocupación sobre su estado, crece. Al tiempo se aburre pero como está lleno de felicidad, no logra siquiera sentirse mal y al año ni siquiera puede tolerarlo pero una vez más, debe resignarse contento a lo que le toca. Un día muere y unos segundos antes de que todo termine, deja de estar feliz, cosa que paradójicamente lo hace morir con una sonrisa en los labios. Fue feliz porque dejó de serlo.

El problema con la vida son las desproporciones, el desequilibrio. Y eso, para mi, la hacen increíblemente hermosa.

cosas en común

Es una pena que no pueda llegar a conocerte a fondo. Todos los suegros que me tocaron fueron unos zapallos y cuando me tocó uno piola, la relación duró prácticamente nada. Vos me caiste bien, y hoy que te empiezo a conocer, te toca pasar por esto que es una tragedia y me deja con la sensación de que no vamos a poder compartir todo el tiempo que nos merecemos. Actualmente tenemos un par de cosas en común: Una es que lo poco que sabemos el uno del otro está teñido por el amor con el que nos mira quien contó estas historias y eso está bueno. La otra cosa en común es tu princesa, que hoy también es mía de prestado. El resto, si es que compartimos algo, dependerá del tiempo que nos regale la vida. Hoy estamos inmersos en la incertidumbre de ver cómo evolucionás, de cómo estás. Nadie tiene el futuro asegurado y menos que menos, la bola de cristal que nos diga qué va a pasar. Me encantaría una solución mágica que resuelva todo y puedas estar bien, pero la magia no existe, sólo la ilusión de vivir. Vos dijiste hace poco que lo inevitable es eso y que al resto le ibas a dar pelea y me encanta esa postura. Yo no puedo pedirte nada en este momento donde tenés tantas cosas para pensar y hacer, pero me gustaría tomarme el atrevimiento de pedirte una sola. Quiero que hables con Mariana, de lo que ella es en tu vida, de lo que fue, de cuánto la querés, lo que significó para vos como primer hija, cómo la ves hoy como persona, qué soñas, qué deseas para ella. Y preguntale a Mariana qué sueña, que espera hacer de su vida, cómo piensa darle a los demás toda la dulzura y ternura que encierra. Preguntale cómo se imagina sin vos y hablenlo, no se dejen tinta en el tintero. Toquen todos los temas como si cada día fuera el último. Porque siempre es así. Yo voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que no sufra. Porque la amo. No puedo prometerte que voy a ser la pareja perfecta, porque no lo soy, pero sí te aseguro que toda la energía que tengo (y tomalo como un juramento) la voy a utilizar para hacerla feliz. Como hago hoy. Yo no soy nadie especial, sólo espero ser un buen tipo y te digo esto para que sepas que en este momento ella es feliz y quiero que siga así por mucho tiempo, como quiero que sigas vos por mucho tiempo con nosotros, así podemos tener algo más que un par de cosas en común.

cerrar los ojos

Recuerdo claramente mi primer pesadilla. Esa noche la pasé mal pero lógicamente no le di importancia, era un mal sueño. Al otro día repetir la experiencia de pasarla mal mientras dormía, me hizo pensar en que las preocupaciones me estaban pasando factura y no fué hasta que mis hijos se quedaron a dormir en casa la tercer noche que me di cuenta lo que nos pasaba. A los gritos desesperados de mi hija a quien intenté despertar sin éxito, se sumaron los de mi hijo que llorando me abrazaba clavando sus uñas en mis brazos, diciéndome que no soportaba más lo que estaba viendo. Luego de tres interminables horas logré interrumpirles las pesadillas. Eso fué sólo el comienzo. No sé quién fué el primero que lo comentó en el trabajo ni cuál fue la primer nota en la televisión, pero todos, absolutamente todos en Buenos Aires tuvimos pesadillas durante una semana seguida. Después supimos por la tele que el mundo entero pasaba por lo mismo; en la actividad más igualitaria e ininterrumpida de la historia de la humanidad. Al mes, la economía mundial colapsó y por un momento no hubo guerras en ninguna parte, las teníamos todos internamente. Era dios en la tierra castigános, o el diablo jugando con nosotros. El caos en los hospitales, y las calles fue dantesco. A cada instante había cientos de miles de personas que estaban viviendo en el infierno. El terror se escuchaba en los edificios y tuve miedo de quedarme dormido. No sólo la noche era un infierno, también el día porque nadie quería acostarse. Traté de no dormir tomando cuanta pastilla tuve a mi alcance y luego intenté con cocaína; el cuerpo me aguantaba pero al tercer o cuarto día caía rendido. Esas pesadillas eran las peores. Todos soñamos cosas diferentes y nuestros temores se amplificaron hasta lo imposible. Muchos se suicidaron. Mis vecinos organizaron reuniones donde nos turnabamos para contenernos mientras padecíamos nuestras íntimas torturas nocturnas. Yo imaginé mil cosas, entre ellas una invasión extraterrestre, un descalabro a nivel global de nuestra existencia. La raza humana veía su fin. Nadie en su sano juicio encontró razón alguna para explicar este fenómeno coherentemente. Las iglesias rebalsaban de gente rezando y durmiendo de a minutos que fue la forma de esquivar nuestro destino. Un tercio de la población mundial desapareció, apocalipsis en tiempo real.

No recuerdo cuándo fué, pero un día mi hijo durmió plácidamente. Lentamente pudimos descansar. Horas. Incluso hubo noches que ni soñamos. Así, hasta que las pesadillas nos abandonaron. Poco a poco todos comenzaron a olvidar lo sucedido, y me sorprendió que de pronto no se habló más de ello. Me miraron extrañamente cuando pregunté si alguien había vuelto a tener un incidente. Nadie recuerda, absolutamente nadie. Me negaron uno y otro que lo que les acabo de contar haya ocurrido. Las cicatrices en mi cuerpo me lo refrescan. Cierro los ojos y la oscuridad vuelve a mi, vividamente, pero sólo yo recordaba. Lo más extraño es que un amigo cuyo padre se suicidó una semana antes de que todo termine, me dijo que su padre falleció cuando él tenía 10 años. No puedo entender cómo viví cosas que nunca ocurrieron. No hay rastros de lo que pasó. Comencé a dudar de mi cordura, incluso de haberme hecho las marcas en los brazos yo mismo.

Hasta hoy, cuando sin querer escuché una conversación en un bar. Al darse cuenta que los había oído, callaron súbitamente. Hablaban de las pesadillas. Me fuí corriendo y sentí que me perseguían hasta que los perdí de vista. En ese momento descubrí la verdad y el terror que sentí, es el mismo que se va a apoderar de vos cuando recuerdes lo que pasamos, porque es muy probable que las pesadillas que tuvimos aún continúen. Y no te des cuenta.

Francesca

La suegra de mi amigo Osvaldo es una tana de libro que se llama Francesca y anoche nos contó esta historia: un pariente de italia, descubre que la novia lo engaña con su mejor amigo y lo abandona. El despechado le pide kerosene a su mamá y se va sin decir nada. Parte raudo con su automóvil hasta arriba de una montaña donde se encuentra el hotel en el que se hallaban su ex novia con el ex amigo, se detiene enfrente mismo del albergue y se prende fuego adentro del coche.

Francis comentó que al visitar el lugar no podía entender cómo alguien se podía prender fuego en un lugar tan hermoso y finalmente agregó: "a ese chico le faltaba chispa"

Quien fue a reconocer al muchacho carbonizado era otro pariente de Francesca quien comentó luego: "lo único que encontraron fué un pedazo de zapato y un mechón de pelo" Este mismo chico, un año más tarde hablaba por teléfono con su novia indú que se encontraba en Nueva York. Ante la falta de respuesta a una pregunta, la chica se preocupa y llama a italia tratando de ubicar a sus suegros. Les cuenta lo sucedido, que habia dejado de hablar súbitamente. Lo encontraron muerto, tenía 30 años. Francis dice: "qué lástima, era tan lindo"

"Los italianos tienen el carácter explosivo por la guerra" Francesca.

caballos desbocados

Vi llorar a mi viejo muy pocas veces. No le gusta y se enoja cuando yo lloro. Creo que es porque le duele en exceso, se tilda, no sabe convivir con las lágrimas. Quizás lloró demasiado. Una de esas pocas veces, fue cuando hablando de literatura rusa, andá a saber qué historia le disparó qué cosa y se le escapó un llanto intenso, profundo, sólo pudo decir: "se me pasó la vida, estoy viejo" sin poder parar de llorar. Hoy sentí lo mismo y entendí su llanto porque me desbordó el alma de la misma forma, las mismas pesadas lágrimas, arrancaron el mismo dolor. A papá esa sensación se la trajeron viejas palabras, a mí, viejas fotos. Estaba buscando archivos de los chicos hoy a la mañana y encontré tesoros casi olvidados. Verlos chiquitos, felices, en un degradé temporal se acercaron al presente, poniéndose más grandes a medida que aumentaban los pixeles de la resolución de las imágenes. Y me angustié, sentí que se me pasó también la vida, me llené de temor, temor de perderlos, de irme sin verlos adultos, sentí el paso del tiempo.

La vida pasa señores, se va sin mirar atrás, se escapa corriendo como caballos desbocados mientras peleamos las miserables batallas que nos imponemos. Nos preocupa tener más, estar en otro lugar, ser otro. Sufrimos por el trabajo, por las bajezas del dinero. Batallas inútiles cuando las ponemos a través de la luz. Me pone triste ver que la vida se nos escurre de las manos por tenerlas ocupadas con otras cosas.

milagro en la casa de Titi

Vivo en este laberíntico misterio que nos ofrece la ciudad de Buenos Aires desde hace unos años. Desde que un día se fueron Sebas y Titi a la madre patria a buscar el futuro que acá no imaginaban. Y todo este tiempo sentí lejana esta casa. Era una casa, no mi hogar. A unos metros de la esquina de Bauness y Bauness en Parque Chas. Será que me vine de prepo que no la quiero. Será que mi permanencia es inestable. Inestable por el miedo a que vuelvan los chicos de golpe, o que la vendan o que me pidan mil euros de alquiler, nada es peor que no saber dónde vas a vivir. Cada diciembre con su visita de españa, crecía la incertidumbre sobre mi destino en esta esquina. Me sentí sin techo. Y pasaron uno tras otro los años y yo sin quererla aún, pese a que la pinté y la cuido más que si fuera mía. No hay caso, no tengo química con la casa de Titi.

Hasta hoy.

Porque los milagros ocurren y hace un rato, sentí un ruido nuevo sobre esta cúpula transparente que me cobija día a día. Era el ruido de la nieve acariciándolo todo. Y ese ruido me encantó. Prendí las estufas y me sentí cobijado. En casa. Abrigado como nunca. Yo sobreviví acá una etapa dura, de cobrar una miseria trabajando como un burro, una separación, el tener a los chicos salteados y pienso que sin este refugio, no hubiera podido superarlo. Hoy las incertidumbres continúan y sigo esperando diciembre como siempre, a ver que viene, pero esta vez la vigilia será diferente porque desde hoy a esta casa, la quiero.

deberes

Tengo una duda que me carcome: ¿si mi analista lee este blog, está haciendo tarea para la casa? Puta madre señores, nunca voy a lograr que mi analista me lea. No porque sea un vago, sino porque toda tarea para la casa es un garrón. Qué cagada convertirse en la tarea de alguien. Tenés que dejar de estar con los pibes, ver la tele o escribir sobre droga dependencia (cosa que hace y parece que muy bien) para seguir laburando. ¿O tendrá que leerlo en sesión mientras le pago? Si es así que me de un café con leche mientras y me deje leer cosas de su biblioteca. Acá contrariamente de lo que dice el título, tiene material riquísimo para encontrar la sutileza de mi psiquis, para llegar al fino, a lo que no sale en el diván. Cosas que están expuestas como un sapo despanzurrado ante la lupa del pibe que investiga. Yo supongo que se va a hacer el boludo como cuando le pregunto algo. Parece que no vió una peli en su vida, porque no hay vez que le tire un título y me diga que la vió; ni siquiera lo dice, gira la cabeza con un hummmm que en el idioma de él es: "no negro, no te cuento nada ni en pedo" Me tenté mil veces de decirle que venga a leer, es más, cuando empecé el blog cometí el error de alcanzarle las 2 primeras cosas que postee que son una verdadera mierda. Y acá estoy, el que no hace la tarea para la casa, pretendiendo que el loco deje la pelota y sus lacaneadas para sentarse refunfuñando a leer, tomandose un vascolet, con la vieja planchando el guardapolvos mirándolo de reojo mientras dice: "lee fabiancito, que el gordo puso unas cosas interesantes la semana pasada y en el cuaderno de comunicaciones te retaron porque no hacés los deberes".

dios

El otro día estaba ordenando la biblioteca en casa y en medio de todo el quilombo de libros, pelis y juguetes me encontré con una bola que primero pensé era de los chicos y después me intrigó tanto por su textura que descarté esa idea por completo. ¿Qué era? ¿De quién? La esfera perfecta pulida al extremo, tenía una línea por su ecuador y maniobrándola como lo haría un mono con un ipod, la gire por todos lados hasta que se abrió. Cuando tuve las dos mitades en cada mano, una luz quedó suspendida en el lugar exacto que estaba la bola cuando se dividió en dos, me petrificó el terror. Pensé en inteligencias superiores, en robots de asimov, en aliens y en "The Twlilight zone" Al mirar comencé a entender todo. Todo, todo. La vida, el origen de las cosas, el espacio, el tiempo, el universo. Sus leyes, el infinito. Recordé mientras mi ser se expandía ante semejante revelación, el aleph del ciego inmortal y me entregué a la belleza total de saberlo todo. Como llenándome, fui sintiendo un desapego por lo que hasta ese momento me interesaba, mis hijos, el amor, mi vida, el trabajo, el mundo, el futuro, la humanidad. Se perdían en la inmensidad de algo fuera de escala. El entendimiento y tener absolutamente todas las respuestas me convirtieron en dios sin que lo pida. Ser un dios. La puta madre, ahí en cuclillas en parque chas, en una casa alquilada. yo con mi laburito y mi sueldo de morondanga, Sin más poder que el que ejercía sobre el illustrator, de pronto podía crear un universo. Me pregunté si los filósofos pudieron meterle mano a este aparato o si era una carambola universal que me topara con él. Cuando estaba por explotar me emocioné al entender las distancias infinitas, la razón de todo esto. Nada era un secreto y compuse la música más maravillosa que alguno pueda concebir y mientras me desprendía de mi cuerpo para unirme al enorme entramado de luz, color y energía, despierto.

ruta

No sentí el golpe. En la oscuridad total comencé a oir lentamente. Como una reverberación lastimosa aparecieron los quejidos y luego los llantos. No sabía dónde estaba pero un olor desconocido me invadió. Era el olor a sangre, a muerte. El ómnibus estaba dado vuelta y yo tenía pedacitos de vidrio pegados en la cara. Tantié con miedo si podía mover las piernas y cuando los dedos tocaron algo duro, me tranquilicé. Me dolía terriblemente un brazo que imaginé quebrado. Repasé rápidamente mi cuerpo y aparte del brazo, sólo estaba golpeado. Por suerte no sabía en ese momento que estaba enganchado mi cinturón con algo. El color negro de la noche con el terror se torna más oscuro y cuando un auto iluminó la ruta, el reflejo en mi ventanilla rota me cegó por un rato. Cerca tenía una mujer que gritaba y otra llamaba a alguien. Pensé en llamar pidiendo ayuda pero el celular estaba en el bolso quién sabe dónde. Las situaciones extremas nos sorprenden con un abanico de reacciones posibles y a mi me tocó la calma. Pensé en salir pronto y también en ayudar, cosa que me envalentonó y supongo hizo que me sonroje inútilmente. Recordé "Amanece en la ruta" y comenzó a sonar dentro de mi cabeza. Simultáneamente al pensamiento de que algo así no iba a pasar, aparecieron los primeros destellos naranjas. Brillando en la nada impenetrable, los rojos, amarillos y azules anunciaron la presencia del fuego. Traté de moverme y un tirón traicionero me detuvo por la espalda. La desesperación nubló a la razón y mil alternativas sobre que hacer sólo intensificaron el dolor. Cuando dejé de intentarlo, las imágenes de mis hijos empezaron a fluir como también lo hicieron los rostros de la gente que amo. Nunca apareció ese flashback maravillloso y no reviví mi vida en un segundo, Pensé en papá que estaba perdiendo un hijo. Pensé en que mis hijos me iban a recordar sólo por fotos y videos ya que la memoria es injusta. Pense en mi novia que iba a perder sus dos hombres casi al mismo tiempo. Lloré por última vez y con la sensación de que mi mamá me abrazaba, empecé a cantar: "amanece en la ruta, no me importa dónde estoy....."

que lo parió

Lo primero que recuerdo de él son los dibujos de un gaucho en la revista Hortencia que leía por "Negrazón y Chaveta" y no me llamó la atención, no por falta de genialidad (que en ese momento no sé si tenía) sino porque siendo un pibito no entendía nada. Lo primero que me gustó fué Boogie el aceitoso. Mucho. Me parecía increíble el personaje, hoy me sigue sorprendiendo lo rico y oscuro que es, atado a su época, es el personaje que más atesoro. Será porque me remite a mi infancia, lo cierto es que ahí va a quedar. Luego vino Inodoro que como a todo el mundo, hizo llorar de risa. Domingo por medio la revista de Clarín tenía otro peso. "Esta semana está Inodoro!!!!!" pensaba mientras desparramaba el diario para ir a lo importante, a lo genial.
Las líneas que dibujaron esas vidas (como también las de Quino) dibujaron la mía.
Y luego vinieron las letras, las palabras, las historias, el autor que se convierte en personaje. El locuaz. El canalla. El tipo de rosario, ciudad que amo por Migue y Vanesa, por Newells, por Fito, y por él. Con el tiempo pude ver todo lo que tenía de Woody Allen y ayer cuando me enteré de su muerte, pensé en por qué tantos genios o gente que uno ama colectivamente, se mueren con mucha piola en el carretel. Y pensé en Woody. En que se merece vivir mucho como se lo merecía el negro. Cuando leí que estaba enfermo, me dolió saber que vendría el deterioro físico, el no poder moverse, hablar como hubiera querido y después del shock cuando Diego dijo "nooooo, se murió Fontanarrosa!" me alegré en el fondo, porque él no quería desdibujarse (como estaba haciendo el destino usando el pulgar) borroneándolo hasta hacerlo una mancha. Me alegra que alguien lo haya borrado de acá para dibujarlo donde el negro merece estar. En el cielo.

Anton Ego

In many ways, the work of a critic is easy. We risk very little yet enjoy a position over those who offer up their work and their selves to our judgment. We thrive on negative criticism, which is fun to write and to read. But the bitter truth we critics must face is that, in the grand scheme of things, the average piece of junk is more meaningful than our criticism designating it so. But there are times when a critic truly risks something, and that is in the discovery and defense of the new. Last night, I experienced something new, an extraordinary meal from a singularly unexpected source. To say that both the meal and its maker have challenged my preconceptions is a gross understatement. They have rocked me to my core. In the past, I have made no secret of my disdain for Chef Gusteau's famous motto: Anyone can cook. But I realize that only now do I truly understand what he meant. Not everyone can become a great artist, but a great artist can come from anywhere. It is difficult to imagine more humble origins than those of the genius now cooking at Gusteau's, who is, in this critic's opinion, nothing less than the finest chef in France. I will be returning to Gusteau's soon, hungry for more.

milagro en la casa de titi

Vivo en este laberíntico misterio que nos ofrece la ciudad de buenos aires desde hace unos años. Desde que un día se fueron Sebas y Titi a la madre patria a buscar el futuro que acá no imaginaban. Y todo este tiempo sentí lejana esta casa. Era una casa, no mi hogar. A unos metros de la esquina de Bauness y Bauness. Será que me vine de prepo que no la quiero. Será que mi permanencia es inestable. Por el miedo a que vuelvan los chicos de golpe, o que la vendan o que me pidan mil euros de alquiler, nada es peor que no saber dónde vas a vivir. Cada diciembre con su visita de españa, crecía la incertidumbre sobre mi destino en esta esquina. Me sentí sin techo. Y pasaron uno tras otro los años y yo sin quererla aún, pese a que la pinté y la cuido más que si fuera mía. No hay caso, no tengo química con la casa de Titi.

Hasta hoy.

Porque los milagros ocurren y hoy sentí un ruido nuevo sobre esta cúpula transparente que me cobija día a día. Era el ruido de la nieve acariciándolo todo. Y ese ruido me encantó. Y prendí las estufas y me sentí cobijado. En casa. Abrigado como nunca. Yo sobreviví acá una etapa dura, de cobrar una miseria trabajando como un burro, una separación, el tener a los chicos salteados y pienso que sin este refugio, no hubiera podido superarlo. Hoy las incertidumbres continúan y sigo esperando diciembre como siempre a ver que viene, pero esta vez la vigilia será diferente porque desde hoy a esta casa, la quiero.

noche

Estoy por salir. Adrenalina. Las ganas que juegan haciendo cosquillas por todo mi cuerpo. La música en el pecho, el dulce sabor en la boca, la sensación de inmensidad. De ser todo. Gotas de agua salpicadas por alguien. El calor del amor que te cocina lentamente. La vida en toda su dimensión que me recorre las venas. Me convierto en luz, en color. Es la previa, el momento antes de entrar a la cancha. Tensión. Esperar que todo salga redondo como si la noche fuera el universo entero mientras el tiempo circular las emparda todas, dejándonos sólo matices para recordarlas. Los amigos, las caras nuevas. Todo lo que me va a llenar el vacío que me deja el que hoy no estés.

hoy

Hoy es el mañana que ayer temías tanto

sol

Hace tiempo que quiero escribir sobre mi hija y por una cosa u otra, no me sentaba. "Hoy escribo", pensaba y nada. Así pasaron muchos días hasta hoy. Anaïs vino en un momento complicado de mi vida. Con una relación sin afianzar, con un embarazo no querido, con mil cosas sin resolver sobre qué quería hacer de mí. A la aceptación incompleta, le siguió la responsabilidad de montar una familia on the road. En movimiento. Sin red, sin casamiento, sin un trabajo fijo. Las únicas certezas eran que la panza crecía y que iba a ser padre. Yo tenía 26 años y venía mi primer hijo en camino. El Dr que atendió a la mamá era un personaje que le hizo una sola ecografía así que no supe el sexo de mi bebé hasta que nació (OBVIAMENTE era un varón lleno de salsa en las venas y con quien iba a compartir lo que no pude compartir con mi padre). El día del parto lo recuerdo indeleble segundo a segundo. Con dos amigos y el bisabuelo materno como única compañía, estuve de acá para allá en trance ante tanta sangre sudor y lágrimas. En la sala de partos soporté sin desmayarme cosas inimaginables hasta que el mundo se derrumbó con las palabras del obstetra: "Es una nena".
Silencio, el ruido de mi corazón partiéndose en mil pedazos sólo lo escuché yo. No era Lazslo quien nacia, no era un varón. Adiós al sueño. El Scalectrix, la 10 que usó Bochini, una catarata de imágenes me empaparon antes de decir el adios final al sueño de un primogénito.
Nena. No puede ser. Salí de la sala en shock. Los abrazos, la transpiración, los llamados por teléfono. Nena. Tardé un tiempo en descubrir que eso fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida. La misma vida que dejó de ser mía cuando la abracé la primera vez. Desde ese instante tuve dos corazones. Y la infinita felicidad era una mezcla de amor, miedo, esperanza, ternura, ganas. Aprendí a conectarme con ese ser que le dió sentido a mi existencia.
Y se llamó Ain por un año porque no aceptaron su nombre en el registro. Gracias a una carta lacrimógena, se llamó Anaïs (no se pronuncia Ane como le decía la mersa al perfume: Ané-Ané) y como negro sabiola, le dije Ané hasta que Pablin me mandó un vhs desde París con un comercial de Anaïs Anaïs y todos aprendimos cómo decir su nombre. Y creció, dulce, inteligente, con carácter. Amorosa como nadie de mi familia, y como en la parte materna las primeras 4 letras de esta oración no las conocen ni mezcladas con otras, Anaïs era alguien diferente. Y para mejor. Los primeros años fué la reina indiscutida de la casa y de mi vida. Siempre tuvo una seguridad afectiva, envidiable. Te hacía sentir cómo recibía todo el amor que le dábamos. Con una sonrisa, con un abrazo. Hasta que empezó un día el jardín y verla de uniforme me hizo ver, de golpe, que mi bebé ya no era un bebé. Cuando ese año murió mamá, me alegró saber que la conoció. Que supo que no sólo se parecían físicamente sino que en el fondo veía su reflejo, la escencia. Compartían la inteligencia, la chispa, la mirada, los gestos, el seño fruncido. Y después vino otro embarazo y los celos lógicos, un poquito nomás. El día que Milo nació yo elegí estar con Anaïs en vez de la sala de partos. Nos fuimos al Burguer King de la esquina de Ayacucho y Santa Fe, despreocupados sin saber que el otro estaba asomandose al mundo y recuerdo que charlamos un rato largo. Un hermano, y qué pedazo de hermano! Un demandante de atención ininterrumpida, con una familia entera envuelta con moño para regalo por sus manejos. Y Anï lo quiso de entrada, lo cuidó, lo protegió siempre. Lo bancó, para ser exactos. Siempre. Y comenzó el primario de guardapolvo blanco, con dos colitas en el pelo. Creciendo de golpe una vez más. De entrada fue buena alumna pero luego descubrimos que era buena compañera también, y que era a quien acudían los demás ante un problema. Era la amiga de fierro. Los laureles del colegio fueron el espejo donde pude verme, en eso, Anu es como yo. Tiene una cabeza Rucci 100% (tan grande como dura). Y las contestaciones desde esa época me lo confirmaron. Yo siempre le dije que uno hace a sus padres. Que no se calle la boca, que si piensa distinto lo diga. Y lo hizo. Es la única Rucci que habla poco pero cuando lo hace deja a todos boquiabiertos. Siempre fue una chica centrada. El otro día un amigo me mandó un copy sobre Sol, su hija y me decía que soñaba con que no conociera el mundo real, el dolor, las lágrimas y saben qué? Yo quiero que mis hijos conozcan el mundo real. Que sepan que existe gente que se rompe el culo y no puede darle de comer a sus hijos. Quiero que viajen en el roca, que sepan que existe el mundo después de Constitución. Que trabajen y se sientan útiles, que sean solidarios y sensibles a los problemas del otro. Que entiendan a los demás, que conozcan el país donde viven. Que uno tiene que esforzarse para obtener las cosas, más cuando lo único que les voy a heredar es saber que el fin de todo esto no es el dinero. A la alumna especial le agregó Anaïs la hija especial, la que funciona como un reloj, la que acepta que su hermano es un agujero negro de afecto y atención, donde ella también lo nutre de ambas cosas. Y creció Anaïs recibiendo amor, terminó el primario y se fue un verano de egresados. Y comenzó el secundario. Y siguió siendo un ejemplo. Y volvió a crecer de golpe hace dos semanas cuando fue a bailar por primera vez y me sentí viejo de verdad. Su respuesta de "vos también vas" me hizo reir y mis aberrantes argumentos de tano retrógrado de "mira pendeja...." son parte de un papel que monto para los demás. Yo me siento muy unido a ella. Mi escena favorita de Los Sopranos es cuando Tony le dice a Meadow que ella es igual que él. Será porque Anaïs es igual que yo en muchas cosas. Mal que le pese. Y como todos los padres del mundo, deseo con toda mi alma que sea feliz, que disfrute de su adolescencia. Que ame, que sea amada, que tenga la cabeza bien puesta como hasta ahora y que la pierda como corresponde cuando le toque perderla. Que no tenga culpa en su vida amorosa, que involucre a su familia y que sepa que por más ...................... (tengo ganas de poner muchas palabritas acá pero es too much italian, así que lo dejo para otro día) que sean sus novios, me los voy a bancar por ella, porque eso también es ser padre. Que sea pilla con las drogas. Que sepa decir no. Que cuando diga Sí, esté convencida (y no me refiero a las drogas). Que elija buena compañia. Que tenga amigas de verdad y que sea buena amiga por sobre todo. Y quien te dice, que estudie o que abra su cabeza al menos, y piense; y que sea justa con su visión del mundo. Que esté del lado de los buenos o del que ella crea que son los buenos. Que tenga hijos si quiere o no, que tenga la orientación sexual que se el cante. Que siga siendo buena. Porque los hijos perfectos no existen, pero créanme: hasta hoy (toco madera) Anaïs está muy cerca de serlo. Ella, mi sol.

clap

Siempre me gustó lo onomatopéyica que es la palabra aplauso en inglés: clap. Ni más ni menos, está todo ahí servido. Clap.

El aplauso nació para decir algo ante la emoción, o al menos eso quiero creer. Dos manos chocando para expresar algo que a veces no se puede con la boca. Porque lo que da el aplauso no lo da nada. Yo quiero contarles un aplauso que no puedo olvidar, que sentí dar al unísono con mucha gente como comulgando. En el 2001 mi país terminó de irse a la mierda como nunca imaginamos que se iba a ir. La incertidumbre es endémica en la Argentina pero nunca la sufrí tanto. Un día en un acto escolar, sentí a la bandera y el himno como nunca antes. Y eso que viví la expedición vacía a las islas, el fin de la dictadura y lo vi a diego puteando en Nápoles, pero esta vez lo sentí en las tripas, con odio a los que nos robaron la nación. Acompañado por cientos de pibes sin patria, sin futuro, sin trabajo y con padres sin un mango. Con sueldos devaluados un 30% y desocupación más alta que eso. Con la radio vomitando que el dólar se iba a $15. Con los aviones llenos de profesionales con destino de Barajas. No recuerdo el motivo de este acto pero la profe de musica hizo cantar a un grupito de chicos la canción de María Elena Walsh: "Serenata para la tierra de uno" La cantamos todos, como un himno, con el pecho lleno de dolor y lágrimas en los ojos. Las mismas que me caen ahora. Cuando terminó, el fantasma de nuestros próceres sobrevolaron ese patio de Belgrano por un instante porque nos quedamos sin reacción hasta que estalló el aplauso, aplauso rabioso que enrojeció mis manos, mientras un eco todavía me susurraba: "yo quiero vivir en vos"

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

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buquebus

mi novia es uruguaya y la conocí por este blog. Otro día les cuento cómo. Hace unos meses que jugamos a querernos como dos pendejos y tratamos de llevar adelante la utopía más ridícula de todas: el amor. Como pasa siempre con la gente grande, llegamos a la cancha con mañas, diferencias, chicas y enormes. Yo con mis hijos, ella con sus ilusiones. Los dos atravesamos este momento (soñado por muchos) de estar enamorados con muchas ganas. Ganas de querer, que son de las ganas que hay, de las más nobles. Y me intriga el amor. Mucho. La química que te hace poner así y no se toma con agua. La sensación de que todo puede funcionar, que todo es posible. Yo no creo en dios, en santos, en brujas ni en nada, pero siguiendo el patrón "incoherencia ante todo" de mi sistema operativo, me enfrenté a un par de brujas en distintos momentos de mi vida y me quedé con dos frases que apoyé internamente cuando verificaban y cuando no, me hice muy el boludo. Una era que el amor de mi vida iba a ser una rubia y la otra que no iba a ser argentina. Del catálogo cromático y geográfico de chicas que pasaron por mí, sólo dos verifican, Una se perdió en el pasado y la otra es Mariana. Yo quiero creer que es ella.

Cada vez que estoy en la fila para subir al barco, siento algo parecido y no sólo son las mariposas que tengo en la panza, no, es algo que todavía no descubrí, una adrenalina como la que debieron sentir en la antiguedad aquellos que salían a pelear esperando enfrentar a la muerte en el campo de batalla. Es la sensación de luchar ante algo imposible y sabiendo que vas a perder, sufrir e incluso desaparecer, vas igual al frente. Sin Valhalla. Sin paraíso. Esa lucha desigual ante la rutina, la mezquindad, el egoísmo, el aburrimiento, la indiferencia, la infidelidad y el desamor, la enfrento con todo lo que tengo. Como hice en más de una oportunidad. Estoy en el buquebus, que tomo un par de veces por mes, a veces más, otras menos. Como desde hace 7 meses, viajando a luchar a un país chiquito como nuestra historia, con un río anchísimo en el medio, grande como son nuestras esperanzas de que nos vaya bien.

Es porque soy un boludo la mayor parte del tiempo pero ante el amor me pongo peor, que escribo esto y lo comparto como comparto con vos mi ilusión. La que mientras lees esto compartis conmigo. Porque todos somos hincha del amor. Fanáticos aunque lo neguemos. Por vergüenza o por quedar como un puto. A todos nos pasa algo cuando vemos un beso en la calle, cuando en la pantalla Clint Eastwood bajo la lluvia mira esa camioneta cada vez más lejana o cuando recordamos esa pendejita tonta que nos hizo llorar por primera vez, de amor.