Preguntas

¿Por qué será que cuando alguien que querés está feliz te pone contento pero no te empapa de felicidad como sí te deja hecho una piltrafa cuando esa persona está triste? ¿La felicidad es impermeable y la tristeza es como una milanesa llena de aceite que todo lo mancha? ¿Qué mecanismos activa el dolor del otro? ¿Por qué las lágrimas nos afectan más que las risas? ¿Será que la felicidad es más difícil de conseguir y la tristeza está disponible 24/7 siempre lista para ahogarnos con su mierda? ¿Por qué alguien tiene un oasis de alegría, una buena después de mucho tiempo, y se cae todo el resto como una casa de naipes ante un huracán? ¿Por qué la frazada corta? ¿No se puede andar un año derecho, sin patadas en el culo? ¿Por qué es tan difícil aceptar que alguien se muere? ¿Será que siempre se llevan un pedazo nuestro con ellos y por eso duele? ¿Por qué se nos parte el alma al ver a la persona que amamos sufriendo?

Me gustaría tener alguna respuesta pero son preguntas que hago irresponsablemente, como si alguien pudiera contestarlas. Me da bronca verte sufrir y estar lejos, escuchar tus lágrimas a través de un parlante y no estar ahí, aunque sea para que me mojes el hombro, como lo hace con mi corazón tu tristeza infinita.

shampoo

De los 41 años que tengo, fui pobre treinta y pico y el resto anduve bien pero sólo por comparación. Este fin de semana sentí nuevamente lo que es la pobreza ya que debido a un par de cumpleaños de gente que amo y unos viajecitos al otro lado del río, quedé en la lona. Lona al nivel de que no poder pagar en el super porque me rebotó la tarjeta de débito y lona de ir al banco y sólo poder sacar 20 pesos, dejando un saldo de $4.90 que hacía tiempo no veía. Plus en la otra cuenta tengo un -200 que me deja en un real estado de rucci auténtico. Con mi billetito de 20 pesos fui a farmacity porque me quedé sin shampoo. Bah, tiré 10 envases vacíos el sábado y quedó uno que por marca desconozco de qué época es pero sospecho previo a mi separación, no lo sé. Cuando estaba en la cola de la caja pensé que podía usar este desconocido complejo de químicos recién descubierto en mi baño para dejar mi pelo (y el de mis chicos) brillante, sedoso y libre de caspa, y con mis escasos fondos comprar unas facturas en la panadería ya que venían mis sobrinos y hermanos a tomar el té. Sin vergüenza alguna dejé el shampoo en la góndola y sin nada en las manos me fui con la frente en alto hacia Triunvirato casi La Pampa. Cuando llegué a casa me hice un mate y sentí nuevamente la experiencia de no tener nada. (Pensaran en dolares debajo del colchón o embolsados en un freezer a salvo de cacos, pero no están ya que los que tenía que no eran muchos, se los presté a mi hermano y no veo cerca el reencuentro con los próceres del imperio) Me imaginan exagerado, literariamente armado para arrancar muecas ante el monitor, les juro que volví a experimentar el no tener nada y un alivio apareció unos mates después cuando el contador de la agencia donde trabajo me tocó el timbre con salvadores 200 pesos. Quizás sabiendo lo que es no tener un mango o haciendo uso de la imaginación, me salvó de una miseria escenográfica que me tuvo durante un rato volviendo a degustar el amargo sabor de no tener un mango, cosa que como en "Qué bello es vivir" deberíamos, de vez en cuando, tener entre los labios esa sensación para valorar y comprender mejor a muchos que viven esto como una constante día tras día y donde el tipo de shampoo es absolutamente irrelevante. Pero eso está como en otro idioma, tan extraño y difícil de comprender como lo es a veces la diferencia entre lo importante y lo imprescindible.

noche

Ella se levanta todas las mañanas cuando todavía es de noche y sigue así todo el día, sin ver el sol. Toma su tren que la lleva sin asiento hasta constitución y después de bajar unas escaleras sigue bajo tierra hasta el kiosko donde trabaja en la estación Plaza Italia del subte D. Todas las mañanas en su mundo de vagones amarillos y escaleras mecánicas. Detrás de su mostrador desfilan miles de rostros con sueño, preocupaciones y sueños. Por las ventanillas ella ve mil películas y en esas pantallas en movimiento, imagina historias para no ver la suya. Ríos de gente que pasan delante suyo y de esa corriente un día asomó una persona que le cambió sus días de luz fluorescente. La mirada vigilante que le otorgaba su uniforme, la hacía sentir segura, protegida, y los saludos se transformaron en charla primero y en amor después. Hoy levantar la persiana es abrirle la ventana al cielo y espera emocionada que llegue él. Francos, turnos, horarios que conoce al detalle le arman un cronograma de una precisión inusitada que disfruta como sólo se disfruta la víspera. Lo que ayer era una rutina de precios dichos sin ganas, ventas y vueltos desentendidos, se transformó en la escusa perfecta para estar ahí, cerca, con él. Separados por unos dulces envidiosos que apilados en el mostrador, espían debajo del vidrio sus risas, sus palabras. Por eso un día decidieron parar el mundo, para poder besarse a la vista de todos sin que nadie los vea. Escaleras con sus barandas de goma inmóviles y cientos de personas congeladas en un universo detenido en el tiempo donde únicamente laten dos corazones al unísono, con el deseo como motor, ansiando que ese amor sea eterno como lo es la noche en el anden de Plaza Italia en el subte D.

Mariana

Me quedé sin palabras y eso señores, dice mucho.
Feliz cumple amor.

Ariel

Ariel es amigo, es redactor, es talentoso. Ariel es una de las pocas personas que conozco que tiene ideas y eso que trabajo en publicidad donde todos deberían tenerlas. Ariel tiene ideas no solo para el laburo, Ariel piensa. Ariel tiene una historia difícil. Ariel no tiene mamá. Ariel tiene novia. Ariel no trabaja y por eso es mi ídolo. Ariel me acompañó a dar una vuelta por el parque cuando volví de Londres con la cabeza partida en mil pedazos. Ariel fué mi farmacéutico. Ariel fue mi dupla creativa. Ariel me abrió la ronda de sus amigos. Ariel me pasó música e hizo que quiera el minimal entre otras cosas. Ariel empezó a trabajar siendo un pequeño niño y se fué siendo un gran genio. Ariel no me da bola cuando le recomiendo una peli. Ariel es uno de los seres que quiero y admiro por igual. Ariel cumple años hoy y por eso lo aplaudo de pie, que vengan muchos años más. Ariel está vivo. Y me alegra. Ariel fué el culpable de que escriba acá y por el efecto dominó que es el destino, me regaló entonces a Mariana. Gracias Ariel.

Wandâfuru raifu (wonderfull life)

Hoy vi After life y me quedé pensando cómo estoy fascinado por el cine oriental. Chino, koreano o Japonés, descubro en cada uno de ellos una sensibilidad de otra frecuencia. Como puro argentino, soy pura mezcla. Soy italiano e inglés en porcentajes que no se corresponden con la sangre. Y eso hace que me emocionen cosas en un amplísimo espectro, pero quedo descolocado con la infinita sutileza y grandeza, por qué negarlo, de los orientales cuando se ponen a escribir o detrás de una cámara. Tienen una sensibilidad de otra escala. Como el espectro auditivo de los perros. Tienen un fino que envidio. Pero me llega algo pese a mi ignorancia. (No me gusta decir nada de una película pero ésta devela en los primeros minutos lo que voy a contar ahora) La peli habla de tener que elegir un momento después de morir para irnos con ese único recuerdo al paraíso. Pensé, o mejor dicho recordé, muchos momentos. Con mis hijos, solo, con granny, con mamá, con algún amor. Ahora que lo pienso ni los protagonistas de la peli, ni yo, elegimos ni a el padre, ni hermanos ni a amigos. Cómo se cierra el círculo de lo imprescindible.
Sé muy bien qué recuerdo elegir, pero quiero jugar y poner unos más sobre la mesa. ¿Elegiré una mañana en spegazzini con la plata de los ratones ante un diente caído yendo solos granny y yo al kiosko del manco en la estación a llenar una bolsa con caramelos? O una tarde en temperley llorando en la falda de mamá porque se había ido mi infancia? Será un día con Stephanie? Será el día que hice mil goles gracias a mis tapones de aluminio en el medio del barro en una cancha imposible cuando me pusieron "la chancha"? O el día que me tomé un taxi después de ver Forrest Gum al hospital para despedirnos con mamá cuando se moría? Será una remoloneada en la cama de granny escuchando "dos en la noticia" con Magdalena y Silvio Huberman entrando ese sol único cortado en rodajas por la persiana? Será una tarde con scotch pancakes, scones y té con leche? Será un día en un bote sacando truchas con el viejo? Será un día en la colonia?
Pero no se confundan, no me salieron recuerdos conmigo sólo sino hasta agotar el bombardeo de flashes con mis hijos. La espera con anï del parto de milo, los primeros días de los dos, las navidades, las vacaciones. Los "papi te quiero" Días con mis bebés cuando todavía eran eso. Días simples que adquieren una dimensión celestial por el hecho de estar juntos. Como la noche del sábado, o las salidas de otoño por cabildo que no dicen nada en ese momento y hoy dicen casi todo. Tardes de plaza en Belgrano R con hamacas que fueron pero no volverán. Con toboganes que aún hoy me regalan en sueños esas sonrisas bajando a toda velocidad. No voy a contarles cuál es mi recuerdo elegido (absurdamente lo guardo para ese día) pero les dejo una pista porque sí es uno siendo yo un niño. Un niño acompañado por sus hijos.

milo

mi hijo es un chico muy especial. Tiene 10 años, con una imaginación y un corazón desmesuradamente enormes. Y hoy armó su blog al cual los invito a que pasen y vean. Son sus videos, dibujos que ya vendrán e historias escritas a su manera. Disfruten.

http://www.mi-lo-ve.blogspot.com

muerte

Ayer fue primero de mayo y estaba en el living editando, distraído mientras pasaba a la mac el video, haciendo varias cosas a la vez como siempre, mate, zapping, itunes sonando algo, lo normal. Pensando en una cosa mientras hago otra, cuando veo de pronto que en el sillón está sentada la muerte. Sí señores, enorme, de negro, con capa, mangas largas una cara oscura que no se deja ver. Cliché total. Le digo: " pensé que la guadaña era una metáfora" y le robé una carcajada. Como la única certeza que tengo en esta vida es mi muerte, nunca me asustó. Miedo le tengo a otras cosas y a otras muertes, pero a la mía no. La miré con algunas preguntas en mis ojos y le comenté que no me interesaba jugarle una partida de nada para ver si le ganaba unos años. Ni ajedrez, ni cartas, no señor, eso es para Bergman o de última para Woody, no para mi. Me dijo que leyó todo lo que leí y que mis chistes no le causaban gracia. Le recordé que se había reído hacía un minuto y se quedó como diciendo "qué boluda". Como sin querer dice: "hoy no laburo" y se acomodó la capa como si nada. Me sorprendían tanto mi calma como la magnitud de semejante presencia. Le pregunté si era normal que alguien no le tenga miedo y me respondió que no sabía porque era "mi" muerte, que le contaron del miedo de todos, pero como estuvo a mi lado todo este tiempo, nada le sorprendía a esta altura. Su voz no tenía la gravedad que imaginé pero eso es porque en la realidad no existen los efectos de sonido. Tampoco descolló por su elocuencia, más bien estaba como aburrida y en un punto me dió pena. Un día lluvioso, apareciendose porque sí, sin motivo. Castañeda nos hizo ver que para los chamanes la muerte está siempre a un brazo de distancia. Estar acompañando por años a un ser intrascendente como yo a todos lados es la muerte al cuadrado. A dormir, a bañarse, al colegio, al laburo, 13 años de casamiento. Decí que yo hago algo divertido, no me imagino la muerte de un contador. Tal vez el miedo de éste la reconforte, la haga sentir muerta. No sé, conmigo perdió. Quizás a ella le interesan otras cosas. O no le gusta mi música, y se escapa a la tarde con otras muertes que escuchan cantehondo. O es de Racing. Porque si yo soy así, mi muerte tiene mi suerte, y se debe querer matar conmigo. Debe putear día y noche diciendo: " no loco, no lo banco más, y de muerto va a ser peor este hijo de puta" Cuando casi le convido un mate recordé que mis chicos estaban viniendo para casa y como si fuera una amante, la invité a irse para no hacer bardo. Nada quiero saber de una guadaña y mis hijos cerca. Me dijo: "tranquilo gordo, yo con eso no tengo nada que ver" y con un paso más digno de Goofy que de enviada del averno, pasó por delante de la tele y me dijo como al descuido antes de desaparecer: " no te olvides que hoy dan Two and a half Men, me cago de risa con esa". A la madrugada como repiten la programación, puse de nuevo Warner Channel y miré a mi derecha con una sonrisa en los labios sabiendo que de ahora en más, cuando vea a estos tres, no me voy a reir solo. Y quién te dice, tal vez no sea mala compañía.

Cancion de primavera

No dejo de sorprenderme cómo te transporta la música, cómo nos lleva sin boleto y sin escala a momentos que pueden ser trascendentales o estar por ahí perdidos en su insignificancia. Hoy bajé un disco de Miguel Cantilo y Punch de 1980 y una cancioncita tonta me robó una sonrisa mientras me llenaba de calorcito el pecho, contrastando con el frío que trajo la lluvia que cae en Parque Chas. El 21 de septiembre es el día de la primavera y el del estudiante, los pibes van de picnic en vez de ir al colegio. Era 1982 y estaba listo para irme a jugar al tenis a Smata* con Pablo Alzugaray (no el de Shackleton sino un amigo mío de mi infancia). Nada de compañeros del industrial que salían corriendo sin éxito, mujeres por ahí. Año de tenis, días enteros pegándole a la pelota en una cancha de asfalto pintado y red de bolsa de cebollas que hicimos en un country en construcción. Año de pendejos luchando contra fusiles que no funcionaban, el frío y la injusticia más que contra enemigos provenientes de lejanas tierras inglesas. Islas de otra isla, reclamadas por un cobarde escondido detrás de un vaso lleno de Johnny Walker. Yo tenía 17 años y una morocha en quien soñar. Laburaba con el tano en los veranos y durante el año pasando un show de Aerolíneas Argentinas en alguna expo cuando mi tío no podía. El cole marchaba de maravillas y Spegazzini era el escenario perfecto para mi vida y para esta historia. Esa mañana de primavera recién estrenada estaba asomado a la ventanita en la puerta del living buscando nubes, con el sol avisándome que sería un gran día, en la radio sonaba "La Serpiente Otra Vez". Sin destino de hit, era un tema más del disco "Adonde quiera que voy" pero por alguna razón me quedé escuchándola (como ahora) con la felicidad abrazándome como lo hace a veces en esos días especiales. El equipo ellesse regalado por mi abuela con short blanco y remera rayada como usó el gran Willy en su última final de Roland Garros. La Wilson Jack Kramer de madera lista en su funda, el bolso con sándwiches embolsados y cocas frías para que duren hasta la tarde. Adrenalina ante el disfrute. En frente la casa de Balvinot me miró envidiosa y la calle me sugirió sin que nadie más escuche: "dale que en un rato pasa la chancha a cañuelas". Granny tomando unos mates en la cocina, mamá en el laburo y el vasco viniendo hacia casa para que vayamos a pasarnos un día glorioso. Lejano. Presente y vivo gracias a un músico que cuando tarareaba por primera vez una cancioncita más, estaba envolviendo (sin saberlo) un paquete que muchos años después abriría yo, descubriendo un regalo impensado. Enorme, intenso que me deja con la piel de gallina, sonriente, con la lluvia que cae y una armónica que me acompaña mientras escribo este post. Casi tan feliz como esa mañana de primavera de 1982.

Gracias Miguel.

* SMATA es el centro recreativo de un sindicato, está en el sur del gran Buenos Aires. Un gran espacio verde con parrillas, canchas de fútbol, tenis y otros deportes, donde miles de obreros disfrutaron sus fines de semana y vacaciones. Privilegios que desaparecieron con el tiempo como lo hicieron sus derechos y las fábricas que les dieron no sólo pan y trabajo, sino una dignidad ya extinta.

http://rapidshare.com/files/24690021/Cantilo_y_Punch_-_Adonde_Quiera_Que_Voy__1980_.rar.html

escondidas

La felicidad juega con nosotros a las escondidas. A veces tenemos suerte y la sorprendemos cuando menos lo esperamos. En una plaza, junto a una parrilla, detrás de una mirada, en una sonrisa, sentada a la mesa con tu viejo, en un sofá, en un cine. Siempre agazapada, escurridiza. Aparece y desaparece. Es pilla la felicidad y es raro hacerla contar porque es efímera. No nos da tiempo. Se borra siempre. Corremos para hacerle pica pero se las rebusca para hacernos un "piedra libre para todos los compas" Sonriente, nos mira burlona. La cosa es que sus compañeritos son unos indeseables que para qué te cuento: la desazón, la angustia, la tristeza, la preocupación y otros vagos que mejor perderlos que encontrarlos. Atorrantes que se ensañan con algunos y los acompañan a todos lados. Esos guachos no entienden que es un ratito nomás que nos los bancamos. Pero insisten. Y ahí estamos nosotros, como sin querer encontrarlos, quedándonos inmóviles ante ellos. Como cuando descubris escondido a tu mejor amigo y deseás no haber mirado, o que fuese invisible, y ahí está. La pucha, a correr que te vi.
Así estamos jugando, buscando. La vida se nos pasa mientras curiosos seguimos asomándonos y corriendo para hacer pica. Tratando que no nos toque contar a nosotros para, quién te dice, poder ir de la mano de la felicidad a escondernos juntos a alguna parte.

Valorar

Todos valoramos las cosas cuando las perdemos. Una figurita, un libro, un suéter, una carta, un papá, la adolescencia, la niñez. Cosas pequeñas, cosas enormes. Personas, amores. Trabajos, vacaciones. Viajes. Momentos. Momentos. Momentos, todo son momentos. Puta madre me vino un recuerdo de algo que ya no tengo, con olores, sonidos, imágenes nítidas, el frío, el ruidito de las piedras cuando bajamos del auto los 3. Patricio, James y yo, en un pub una noche. Me acuerdo cristalinamente cómo me acerqué a la barra y vi servir tres cervezas. La conversación, la risa de mi hermano. La luz. Los billetes que cambiaban de mano. La gente, la decoración. Los viejos sentados cerca del fireplace, la música del idioma. El ambiente de otro siglo. No iba a contarte esto en absoluto pero como un relámpago me vino este flash. Un flash, esporádico como lo es todo. Que se pierde. Como casi todo. Por eso no quiero valorarte cuando te pierda, cuando no estés. Hoy me di cuenta que te amo de posta, no de palabra, porque tuve miedo de perderte. Me cuesta superar las barreras que me impongo, que invento, que alucino como Quijote que soy. Monstruos que se interponen. Excusas que aparecen y me pelean. NO quiero valorarte cuando no estés y el amor que se disfraza de miedo para hacerme ver, me dejó con frío. Con ganas de que me calientes los pies como solés hacer. Y te imagino acá, sin ríos que nos separen ni molinos que me impidan cruzar los campos que me lleven a disfrutarte y amarte hoy. Que te tengo.

mujeres (spaniard friendly version)

Este es un viejo mail que mandé a mis amigos hace un tiempo. Como acá vienen ellos, muchos ya lo leyeron. Por algunas críticas, hago esta clean version porque tengo allegados amantes de la tierra de Cervantes y no los quiero ofender.

HOLA gente linda!!! otra vez en Londres, feliz de estar en esta ciudad. Una cosa es Roma o Venecia o Paris y otra muy distinta es Madrid.

Podría repetir todo lo que sentí en el continente pero quiero describir las ciudades que visité comparándolas con mujeres y aqui va:

1- Roma, la madre, el origen. El grito primal, el útero de donde vengo. El peso de la historia y la grandeza. La contención de la madre es la mejor figura para describirla.

2- Venezia, una novia. Amor, caminar de la mano, besándose a cada paso. Una mujer para acariciarle el pelo mientras la mirás a los ojos, un lugar para perderse en el estado de ebriedad que genera el amor apasionado. Inimitable. Una gordita divina.

3- Firenze, una amiga inteligente, sagaz, con sentido del humor e historias para escuchar. Una mina para pasarse horas charlando y tomando café.

4- Milano, una maestra que puede enseñarte mucho, no es linda pero sabe, tiene entre las tetas mil años de cultura y eso no hay wonderbra que lo aguante, da gusto estar con ella.

5- Laussane, Suiza, linda. Una vecinita que calienta. No es una femme fatal pero tiene un encanto de prolijidad casi virginiana. Hermosa y llena de sorpresas.

6- Pisa, una compañera del colegio con un culo 5 estrellas. O sea, tiene algo notorio para ver pero no pasás más de un par de horas y te aburris. Me faltó tiempo para conocerla, ojo.

7- Paris. La amante, la furia, el deseo, la lujuria y el pecado en su máxima expresión. La ciudad donde uno deja todo por ella. Bella, preciosa por donde la mires, te enamora al primer instante. Es el deseo al extremo. Montmartre es el lugar para estar enloquecido de amor, las callecitas con cafes, la escalera de Sacre Coeur, im-pa-ga-ble. Eso sí, esta casada y nunca será tuya (tiene franceses)

8- Londres. Una esposa. Tiene todo lo que uno sueña, es el lugar para toda la vida, con quien uno quiere morir. Tiene el equilibrio perfecto entre: inteligencia, belleza, sabiduria, comprensión, compañerismo y humor. (soy divorciado no lo olviden, si saben de una chica que tenga ALGO, AL MENOS UNA SOLA de las cosas que acabo de enumerar, presentenmela que me caso de nuevo)

9- Madrid no es mujer.

Bueno, estoy en Londres nuevamente y desde las 5 de la tarde que estoy medio en pedo, llegué ayer a la noche y ya me tomé 3 litros largos de guinnes, Vino de catena zapata y demás cosas. Fuí de pub en pub con los chicos ayer y hoy. Se sumó a la recorrida una amiga de Patricio (ana para quienes la conocen) que se está por casar así que sigo sin estar cerca de una soltera que no sea lesbiana. Es una pena, tengo menos sexo que el papa y eso que está embalsamado.

Llueve y va a llover en la semana pero tengo planeado hacer la ronda loca de museo en museo, así que el miércoles que va a estar lindo iré a caminar por ahí, mientras, a ver momias y cuadros. En el medio me meteré a comer en algún lugarcito y trataré de no gastar mucho.

Chicos, la sigo otro día, estoy feliz disfrutando esto como un pico dulce sabiendo que puede ser el último, sin masticar, saboreando cada segundo.

Vai via. Arrivederci Roma, los amo a todos.

Seis toros bravos seis, flavio "EL CORDOBES" los espero en la plaza mayor.

viva la pepa

A fines del año pasado me compré esta macbook "para escribir más" cosa que por supuesto no hice. No de vago, de imbécil. Estoy todo el día subiendo fotitos a flickr no sé buscando qué. Lo sé y me hago el boludo: figurar. Que digan: qué grosso, que talento señores, qué búsqueda del color, qué artista! Bah, por lo mismo podría estar acá tipeando como un gil, pero como no me siento escritor quizás el motivo sea otro, más irresponsable o más sinvergüenza. Durante todo este tiempo dije voy a escribir todo el día y en cambio no mandé ninguna. Subí unas cacas intrascendentes y cada vez que posteo algo pienso si le gustaría a mi viejo. Él siempre me dice que no tire nada y no escribir es tirar ideas a la basura. Pasan de largo. Nadie sabe nunca que existieron, piensen lo que Borges imaginó y por pelotudo nunca escribió. Algo grosso (increíblemente grosso) se le debe haber pasado por la cabeza y después colgó. Me la juego. O peor, se lo contó a María y la otra estaba pensando en un tempura de langostinos que comía de chica con salsa de ostras y se olvidó de anotar. Qué la parió!

Papá tiró todo lo que escribió y hoy debe estar arrepentido porque es bueno el viejo. Acá hay una muestra de una carta que me regaló: http://volvidejapon.blogspot.com/2006/10/carta.html
Me gustaría encontrarme con esos bollos de papel perdidos. Tengo que aprender, no borrar nada y pelar, pelar todos los días aunque sea pura basura.

Hoy quería escribir de las ganas de viajar lisérgicamente que me tienen agarrado imaginando cómo sería. Fundirme con la naturaleza, alucinar. Empaparme de color, de luz. Al final hice la gran Rucci y no dije nada, pero bueh, así estoy hoy pensando en que la vida es un viva la pepa. Y lo es, ¿o no viejo?

suerte

Querido Milo:

Hoy quiero desearte mucha suerte pero no para el colegio. Suerte para que te des cuenta que podés, que tenés todo lo que necesitás para ir adelante. Suerte para que confíes en vos mismo. Suerte para que no tengas miedo de fallar, por que todos podemos equivocarnos y superarlo. Suerte para que puedas dejar que mamá y papá hagan su vida y sean felices sin tener que vivir juntos. Suerte para ver que, a su manera, mamá está con vos siempre, te ama con todo su corazón y quiere lo mejor para vos. Suerte para que entiendas que prestando un poco de atención, las cosas te van a resultar más fáciles en la vida. Suerte para tener la oportunidad de demostrarles a todos que podés, que tu cabeza INCREIBLE sirve para hacer lo que vos quieras y también para lo que quiere la escuela, tus papis y quien sea.

Para la escuela no necesitás suerte. Necesitás ganas, y fuerza de voluntad para concentrarte, nada más.

Te amo con locura, más que nadie en el mundo.

Papá. 05 de marzo de 2007

soñar

Quiero soñar con besos, con caricias, con verte, con sentirte y hacerte estremecer. Quiero soñar con el reencuentro y con que puedo amarte mucho, soñar con los dos juntos dentro de unos años y que no me equivoqué. Soñar con los chicos que están bien y crecen sanos, soñar que despegan sin problemas. Soñar con decisiones correctas, con buenos cambios. Soñar con vivir haciendo el bien sin mirar a quien. Soñar con soñarlo y que sea realidad.

estrellas

Tengo mas de 60 años y soy contador, pero lo que voy a contarles hoy nada tiene que ver con los números. De mi padre heredé varios gestos y algunas cosas más pero una de ellas es mi verdadera profesión y vocación: soy bombero voluntario. Toda una vida apagando incendios y salvando lo que estuvo a mi alcance, vidas, hogares, cosas. Cosas que para sus dueños significan mucho más que eso. De mi abuelo heredé la pasión por el cielo, el tapiz mágico de soles es una fascinación que gracias a un telescopio que usó toda su vida, y me regaló poco antes de morir, pude descubrir. Conocer el cielo como los viejos navegantes, como los indios que encontraban en él historias y dioses. Como los griegos y los egipcios. Las estrellas siempre fueron una puerta abierta a la imaginación y yo salí por ella miles de veces. Hasta que pasó lo que pasó. Un día, como llevando una burla al extremo, me enfrenté a un incendio inesperado. El de mi casa. Todos mis sueños, mi esfuerzo, parte de mi vida se consumió con esas llamas. Y como si ésta ironía no fuese lo suficientemente cruel, descubrí que habían robado mi telescopio. La furia no venía por el fuego sino por la inmoralidad que arrasó mi casa. Los días pasaron y la multiplicidad de complicaciones hicieron que me sienta mal, vacío, sin ganas de nada. Golpeado de una manera inesperada.

Mi hija un día dijo basta a tanta pena y encontró la forma de devolverme al menos una alegría, se puso en búsqueda de un telescopio. Locales de antiguedades, caminó mil barrios. Aquí, allá, tratando de tapar con un pedazo de bronce y vidrios un agujero que ni una de mis estrellas podía cubrir. Pero buscó por todos lados y ésto la llevó a lugares impensados. Cuando estaba por darse por vencida, llegó a una calle de Buenos Aires donde ofrecen cosas de dudoso origen (paradógicamente en un lugar donde todos deberían estar entre rejas, esa calle se llama Libertad). Entre cámaras fotográficas y videograbadoras arrancadas a alguien, ella vió algo que servía. Un viejo telescopio que le parecía familiar. Con un cartel de precio que no reflejaba su verdadero valor, el valor de lo legado, de lo usado por varias generaciones, el valor del amor de un abuelo a un nieto. Y ahí estuvo un día, envuelto en papel de regalo, inconfundible, esperándome. Con la misma ironía con que quemó mi casa, el destino puso el viejo telescopio de mi abuelo nuevamente en mis manos, para que el cielo, visto desde otro techo, sea otra vez el mismo.

Esta historia es real.

TEXT ONLY

Este blog nació como un lugar donde tirar fotos y textos que salgan cuando y como puedan. Sin mucho rollo porque no soy ni escritor ni fotógrafo, sólo con ganas, dependiendo exclusivamente de la inspiración. Hoy las fotos se mudaron a otra parte, a un lugar donde van a estar más cómodas, más libres. Y acá quedará esto para el que quiera leer pavadas. Bienvenido una vez más querido lector. Si querés fotos, abrí la puerta y andá a jugar.

http://www.flickr.com/photos/volvidejapon/

1986

Ayer me crucé con Marcela por la calle. Hace 20 años salí con ella, y pasó de largo por la vereda de la misma forma que lo hizo por mi vida. Su mirada tiró una pregunta al aire que no contesté y seguí caminando sin mirar atrás. A la noche me crucé, acá en la red, con un sitio donde podés bajarte discos inconseguibles de rock nacional y encontré uno de Fricción del que sólo tenía un par de temas y quería con ganas tenerlo completo. La emoción de poder escuchar canciones que durante años estuvieron en un cajón perdido de mi memoria me embargó pero exploté de felicidad concreta cuando vi algo que hacía más de una decada que buscaba. Silencio de Los Encargados, año 1986. Como el de Fricción. Como Marcela y su vientre de mamá. 1986. Veintiún años y el mundo para llevar por delante. Facu, diseño y sexo. Ropa cara para vestir una realidad de suburbano pobre. Borcegos, sobretodos negros, camisas blancas y ojos pintados. Un new romantic al que el destino (siempre burlón) le cambió Londres por Banfield. 1986 de pelos parados. De australes y dolar barato. 1986 de Shakespeare, de querer ser como Carlos Mayo. De tipografía condensada y cuadros de cartón. Año de disfrute, de noche. De adolescencia sin dolencias. De libros, cine arte y música, más música. Que arrancó un verano de colonia con una chica tras otra. Comiendo manzanas dulcísimas robadas de algún edén. De despedida en una terminal pidiendo a alguien un cuidado que convirtió (vaya alquimia) una amistad en amor y pasion. Año de descubrir, de entregarse, de perderse. De tocar el cielo con las manos, como la que usó Diego para meterla celestialmente en el fondo del arco. Año de pintor en caballito, de monjas, de menú único de hamburguesas con huevo poché. De partidos de fútbol con pelota de trapo en una biblioteca santa. 1986 de Vox publicitaria y Fotos de Tokyo. De armar fuera de escuadra con cutter y cemento entradas a espectáculos a los que nadie fué. De amigos pintados de verde en el fin del mundo. Un año donde, a la distancia, puedo asegurar sin complejos que fui feliz. Feliz de una forma exagerada, fuera de escala. Escuchando canciones de amor. Enamorado, orbitando. Igual que ahora.

Hay canciones que se llevan algo de uno
cuando terminan,
son como romances que se llevan
algo de uno cuando terminan.

Somos mundos cerrados
vivimos separados
aún miro tus ojos y veo líneas, amor,
veo líneas, líneas de amor
veo líneas, amor.

No puedo recordar la primera estrofa
de la canción que siempre quise cantarte
pero no importa pues veo que nada volverá
ese viejo romance.

Somos mundos cerrados,
vivimos separados
aún miro tus ojos y veo líneas, amor,
veo líneas, líneas de amor,
veo líneas, amor,
veo líneas, líneas de amor...

(Líneas - Los Encargados - Silencio, 1986)

La puta madre, lo feliz que soy escuchando esto. No se dan idea.

PD: cenamos con puppe en lo de mile y de sobremesa vimos un viejísimo anuario de publicidad argentina. Glorioso, lleno de avisos inolvidables ¿De qué año era este anuario? ¿Crees que adivinaste? Pues sí. Increíble.

Dedicatoria

A veces creo que es un sacrilegio manchar un libro con una dedicatoria. Sobre todo cuando el destinatario es una pareja. Manchar me refiero a esas palabras llenas de amor y afecto que tienen una fecha de vencimiento incierta. Van de la mano de la relación y en algunos casos todo lo dicho y lo escrito se tiñe luego, con la ruptura, del mismo color con el que se pinta la separación. Y hay cosas y casos donde uno debería ser responsable y no marcar como un tigre que llena de olor su territorio ni cosas ni personas. Ellas no nos pertenecen. Por más que amemos o paguemos, por más que nos den una factura, sumemos puntos extra o nos correspondan entregándonos sus vidas. Regalos en un caso, préstamos en otro. Cuando tengo ganas de escribir una dedicatoria en un libro, cd o en una peli, lo hago con el alma en pelotas y tiro la que sale. Como sentís, es fácil. Y en el caso de amigos o familiares no me calienta. Me dan la sensación (errónea a veces) de que esos lazos no se rompen. Pero me jode la mancha, la cosa indeleble con las chicas. El meo del tigre innecesario. Hace poco regalé un libro grosso a una persona con pinta de lo mismo y me dio cosa entintarle la primera hoja. Preferí manchar acá explicando esto y dejar que las únicas palabras de ese tomo sean las que el ciego inmortal le dictó a alguien. Da miedo y vergüenza ponerse a escribir sabiendo que unas páginas más adelante te esperan genialidad y talento. Pero eso es otra cosa. Por eso escribo tranquilo acá, porque lo que sigue es siempre igual, a veces más, a veces menos; cositas insignificantes de un tipo que lo único que hace es amontonar sentimientos disfrazados de letras.

Juan

Hoy no estoy ahí con ustedes y es una pena. Una pena tan grande como el vacío que siento, o como el que les dejé. Es una pena también que no se den cuenta lo que tienen sólo por estar vivos. Van a caer como yo, cuando ya sea tarde. Hace un tiempo me encontré, como hoy, ante una hoja en blanco y fue una de las últimas cosas que no hice. Escribirte. Y como en ese momento no pedí que me comprendas por lo que iba a hacer, ahora (que puedo) te pido que me escuches bien y trates de comprender algo mucho más importante que un por qué.
La vida es hermosa, es lo único que tenés, lo único que tuvimos y lo único que vamos a tener. Todos van a terminar descubriéndolo. Tarde me di cuenta que una lágrima corriendo por una mejilla es el universo entero, encapsulado, como lo es una risa, o un beso, o una frase iluminada, o un libro, o una melodía. Como un abrazo o un te quiero dicho con la boca pastosa a la mañana asomado por entre las sábanas. Detrás de cada átomo que gira, hay un mundo que gira. Una historia. Tarde vi que mis amigos son increíbles y que fui injusto con ellos al irme de esa forma. Como fui injusto conmigo por no querer seguir. Me pierdo cosas ínfimas que ahora son enormes, gigantes.
Un rayo de sol que se te cuela por debajo del flequillo una tarde de calor haciéndote pestañar mientras te tiñe todo de naranja.
La mirada curiosa de un bebé en el carrito de una madre apurada por llegar a ningún lado que busca en tus ojos alguna respuesta a su millón de preguntas.
El repetir una escena que estaba bien y que luego sea lo mejor de la peli.
El jugo de un durazno maduro que se escapa por la comisura de los labios endulzandote no solo la cara sino todo tu ser.
Una canción casi olvidada que vuelve fresca a tu memoria trayéndote con ella un montón de imágenes, momentos que revivís por un instante.
El balanceo de dos ramas que se rozan en una danza privada al ritmo del viento que las seduce mientras les susurra cosas lindas.
Una foto que esconde algo que nadie vió y te hace descubrir formas y colores en un show donde el único espectador sos vos.
El vuelo de una golondrina solitaria y juguetona que te dibuja en el cielo con sus alas de grafitto dibujos invisibles.
El olor de un ajito que se te manda desde la casa de al lado y busca tu nariz haciéndote desear y te hace agua la boca.
El apretón de una mano que busca en la oscuridad esa seguridad que sólo vos le podés dar.
El sonido de un teléfono que suena y te hace rogar que esté tu amor del otro lado.
Una tela que te deja jugando un rato con su textura y le regala a tus dedos una suavidad que los eriza y enloquece.
Una palabra que le alegra el día a alguien sin que te des cuenta nunca.
Un papá que en vez de pasar detrás tuyo como si nada, te acaricia el pelo haciéndote sentir todo su amor.
Una estrella fugaz que te reta a buscar un lindo deseo rápidito así se cumple.
Un vino que fué hecho con uvas elegidas por algún dios para vos y no se lo dijo a nadie.
Una carcajada que te arrancó un amigo con una ocurrencia inteligente.

Podría estar toda tu vida contándote ejemplos pero no quiero que pierdas más tiempo. No quiero que pienses en mí y en la pena que les causé a los que me quieren aún ahora y siempre. Quiero que vivas, que seas feliz, que disfrutes, que ames (y te dejes amar que es más difícil) que hagas reir a los demás, que seas buena persona y que tus deseos infinitos te empujen a hacer, a tener mirada de artista y la sensibilidad de los grandes, que cada mañana veas en el espejo, reflejado, el mundo. Ese universo circular, perfecto, rico, hermoso y único que sos vos.

Juan.

(Juan Pablo Rebella codirigió "25 Watts" y "Wisky", junto con Pablo Stoll y se suicidó una noche de julio en Montevideo)

Reflejo de una historia real

Desde que recuerde siempre ayudé a las personas a observarse. Descubrir lo que les pasa, mostrarles el alma. Devolverles el paso del tiempo, hacerlos sentir. Me tocó vivir en el campo hace ya muchos años y la vida no era fácil en el sur de Córdoba en pleno auge de un país que nunca cumplió lo que prometía. La casa pertenecía a una familia de inmigrantes italianos que a principios del siglo XX no conocían ni la miseria ni la guerra que llegarían irremediablemente unos años después.
Una de las niñas de la casa era distinta, poseía una belleza inigualable y una dulzura que la hacía sobresalir no sólo dentro de su familia sino quizás en su época. Con los años y luego de compartir largas horas con ella, vi que su belleza natural aumentaba día a día hasta alcanzar niveles que ningún artista podía siquiera imaginar. Así pasó su niñez, su adolecencia y cuando se convirtió en mujer no había hombre que no la soñara. Su padre ocupado en las duras tareas a las que fue condenado, era indiferente a casi todo y su madre una mujer simple, celosa de un porvenir que no le pertenecía, fue quien detonó lo que luego supe era el comienzo del fin.
A una cuadra, una familia humilde crió un niño, que luego de hombre, parecía estar a su altura por ganas y empuje. Otra mosca blanca en un lugar perdido para el resto de la humanidad. Como desafiantes a un destino injusto y cruel, comenzaron un romance digno de las mejores plumas. Secreto, intenso, amor en estado puro de ella, la bella y él que había salido de un vientre humilde para llevar con entereza un color de piel que castiga y margina. Como una tragedia de otros tiempos, casi inevitablemente, un día esta madre controladora los descubrió y por su racismo, hizo hasta lo imposible hasta interrumpir lo que haría luego de su hija un fantasma, una sombra. Después de ejercer un poder hoy inimaginable, y ahogarles la ilusión hasta que el amor mutó en impotencia y luego en dolor, disfrutó cuando un día quien pudo ser un hijo más, se casó con alguien más cercano a su linaje, combinando con un contraste menor los colores que socialmente todavía marcan un espectro cargado de tonos y de infamia. Ese casamiento, el seguir viéndolo, vivir tan cerca y estar tan lejos más el saberlo con otra, hicieron que pasara largas horas conmigo. En silencio por momentos, con lágrimas inagotables por otros, día a día su deterioro se hizo ostensible. Palpable. Un abandono que todo el mundo ignoraba pero que reflejaba un plan irrevocable. Lentamente su piel, antes rosada como un atardecer tibio, se fué tornando blanco, como su destino de mármol. Un día dejó de comer y ya no pronunciaba palabra alguna. Menos conmigo, sólo su mirada fija, tratando de ver lo que pudo haber sido, compartiendo mi silencio. El eco de ese sentimiento que la mantenía aún con nosotros fué extinguíendose lentamente como su salud y compartíamos cada vez más tiempo, como si nadie existiera, como preludio de su inexistencia. Largas horas peinándose mientras me limitaba a observar incrédulo el reflejo de su belleza ya extinta. Así la encontraron un día, muerta frente a mi, con un cepillo entre sus manos, yo como único testigo, mudo. Cuando el último calor abandonó su cuerpo, su mirada encerraba toda la tristeza del mundo proyectada por dos perlas azuladas, fijas en mí tratando de que le devuelva algo que ya no le pertenecía.
Un tiempo después me encerraron en un cuarto junto al resto de los muebles y ya no volví a devolver una imagen. Envuelto en papel, delicadamente para que no me rompa, para evitar siete años de mala suerte. Sin que nadie sepa jamás que nada desee más desde entonces, que desaparecer en mil pedazos para tratar de olvidar esa mirada (alguna vez bella y dulce) que me impregnó un sentimiento indeleble que nadie merece sufrir, ni siquiera yo que soy un simple vidrio enmarcado, bañado en sales de plata.


Esta es una historia real.

Ciegos

Mañana me embarco en una aventura intrépida y tengo miedo. Miedo porque nos conocimos sin mirarnos, y nos gustamos, nos deslumbramos con lo que leimos, con lo que escuchamos, con las risas, con las palabras. Hoy estoy esperando verte para confirmar lo que siento, para confirmar que es bueno (de vez en cuando) empezar al revés, descubrirse de adentro para afuera. Para poder abrazarte, besarte y amarte de verdad y no como ahora, que estamos ciegos.

Eterno

No sonó la alarma, no escuchó las sirenas a lo lejos como otras veces, no hubo reflectores apuntando a un cielo tan negro como el presente que respiraba el mundo. Vivía en las afueras de Londres con su madre esperando día a día que un cartero lo deje más huérfano. Hacía tiempo que había comenzado la guerra y Timmy se refugiaba en sus sueños y no debajo de una mesa. Tenía 12 años de edad y las cosas que había vivido lo hicieron comprender, a la fuerza, que la solución de los problemas del hombre no se arreglaban con muerte, sino todo lo contrario. El comedor estaba intacto desde la época en que lo llenaban risas. Y ahí estaba él, pensando en historias que lo hacían olvidar la suya. Nunca habían bombardeado el barrio pero una explosión en el techo lo dejó petrificado, bañado en madera y polvo, de pie, ante una bomba teñida de viento que un extraviado piloto alemán dejó caer donde pudo. El caballito de porcelana que mantenía en pie a los libros relinchó sorprendido. El mundo se detuvo. Quedó la bomba suspendida en el aire y pensó que ya todo había terminado. Inmóvil en medio de esa pausa eterna, paseó la vista por las paredes, con sus platos temblando sin moverse, con la luz salpicada de escombros y esquirlas de madera. El empapelado marrón era el decorado de una escena terrible que nadie hubiera podido reflejar, ni siquiera aquél que lo había intentado en Guernica. La inmensidad del silencio estaba en proporción con la incertidumbre de este chico que buscaba a la muerte detrás de una silla. ¿Eso era la muerte, un segundo eterno antes de desintegrarse junto a sus sueños? Timmy no podía llorar. Las preguntas lentamente dejaron de aparecer al no asomarse ninguna respuesta y sus ojos se perdieron por el hueco en el techo que dejaba ver un cielo estrellado. El brillo del metal y los rayos de sombra comenzaron a parecerle bellos, cuando un sentimiento de paz se apoderó de él y el tiempo continuó su camino.

Brazos

Hoy me tocó enfrentarme con una historia que desconocía por completo y me dejó mal. No sólo por lo grave de la misma sino porque me sentí afuera de algo, lejos, como un extraño en mi propia familia. Pero no es ese el punto. Hoy me enteré que hace unos años mi hermana, sola con una beba en la cuna, revivió con sus manos a su marido que tenía en ese momento un paro cardíaco. Los médicos le preguntaron cuántas veces le dieron los paramedicos con ese aparato que vemos en las pelis cuando lo frotan y dicen: "clear" y no le creyeron al contarles que fué ella sola con sus brazos. Porque es flaquita pero tiene una fuerza que la gente no puede ver. La misma fuerza extraordinaria que la mantuvo de pie cuando el destino la enfrentó años después ante otro pecho, con otro corazón detenido, más pequeño pero más inmenso, el de su bebé. Dos veces en distintos momentos en la vida de su hijo menor. La última, cuando le dijo al segundo marido "dejalo ir"; ante la desesperación inimaginable de un papá pidiéndole, gritándole que haga algo, ella, la de los pequeños brazos lo trajo de nuevo al mundo. Una vez más.

Mi hermana pasó por un montón de cosas, tiene un carácter difícil y conmigo no ha tenido una buena relación prácticamente nunca. Cuando un amigo me llama para avisarme que se murió su primer marido, yo ni sabía que estaba viviendo en Londres; como no supe que volvió tiempo después a enamorarse de un primo de él. Luego me enteré, como si lo hubiera escuchado en una radio, que tuvo un hijo y luego que casi se muere. Por otros también me enteré que se fué a vivir a Uruguay y tiempo después que volvía. Hoy supe lo de Paul y su vuelta a nacer en Spegazzini gracias a su mamá. La vida la dan dos personas, salvo a mi sobrino que se la dió una sola. Hoy me enteré de esto y mañana voy a pasar el día de la madre con una madre especial a quien el tiempo y la sangre (que tira y mucho) me están devolviendo, a quién quiero y admiro profundamente: mi hermana Moira. Y sus hijos. Eso sí que es un feliz día.

Me quedé solo a la tarde y vi Aprile por primera vez (tenía ganas desde hace muchísimo tiempo). Cuando terminó no sólo quería ir a abrazar a mi hijo y besarlo. Me quedé pensando y recordando cómo fué su nacimiento, lo increíble que es un hijo. Lo que es la vida. Lo que es la muerte. Lo que te queda de cinta. ¿Cuánto me quedará a mí? ¿Cuántos centímetros más tendré? ¿Cuántos tendrás vos? ¿Cuántos Paul? Es extraño pero cuando reconstruí la vida de Milo, en un flash, no reparé (hasta este preciso instante) que nació el mismo día que Moira. Y me parece un lindo cierre para esta historia.

Ventana

El patio del fondo de la casona donde funciona la agencia en la que trabajo, tiene una luz mágica. De mañana por lo cálida, con el sol que se entromete atrevido en tu pantalla. Por la noche porque prendemos unos focos que están entre las plantas y alumbran de abajo para arriba, realzándonos el sinsentido de un mundo patas para arriba. La luz sube buscando ganarle a una oscuridad mientras nosotros tratamos de ganarle a la imaginación. Sin embargo el momento que me encanta, por su luz, es la tarde. Un arbol que salvamos de unos dientes de acero nos filtra con sus hojas, algo más que la ropa colgada de una soga, nos deja sin gris. Nos pinta de colores el muro que nos encierra.

Los baños dan al patio y las viejas ventanas nos regalan un pequeño show, como una pantalla de cine que pasa pelis que nadie vió. Una tarde cualquiera me encontré con que una luz particular (quizás porque estaba por llover) me hizo ver que afuera había un campo. Me asomé sorprendido. Era una estancia. Otro paisaje, con olor a pasto húmedo, a rocío, a niebla. No había un árbol solitario, había un bosque. No fue que me transporté, ni un viaje en mi cabeza. Estaba ahí, vivo, presente. De pronto, el canto de un zorzal me interrumpió cuando justo pensaba que extraño un campo sin música. Era el zorzal de siempre, en la rama de siempre, pero en otro lugar, más feliz, más libre. Estaba como yo, disfrutando del olor a pasto húmedo, con rocío en sus plumas, mirando extasiado el verde reflejo de la niebla entre las hojas brindándome un concierto tan personal como único.

Hoy pasaron unos días desde ese día y no volví a sentir lo mismo nunca más. Se ve que esta ventana se dejó olvidada una puerta abierta por error y me dejó pispear por un instante, un lugar exclusivo, que está ahí nomás. Tan ahí como el patio de esta vieja casona de belgrano donde mis ideas se juntan con las de diego para ir a jugar.

Carta

"El pasado, el presente y el futuro son distintas formas de la ilusión."
José Saramago.

Carta a mi pequeño hijo.

Muchachito:
Desearía, antes que nada, que si "un día entre los días" (como dice Sherezada) cuando el alcohol me haya achicado el alma empujándola al borde del abismo me fueras a visitar y me amenazaras con no perdonarme nunca si te abandono.

También deseo que si en el futuro te casares, tengas una nena y un nene que fueran dulces y hermosos y me llamen abu y pueda yo pasear con ellos en una ciudad, tomar helados, acompañarlos a la escuela y en vacaciones llevarlos a la montaña, a esos lugares que yo creo bellos y verlos nadar en el agua como en un espejismo.

Y que así porque sí me digas "otro día entre los días": "viejo, te invito a pasar un par de semanas en unos lugares cuya imponencia inimaginable no creerás nunca: ríos de ensueño, lagos de cuentos de hadas... y un paisaje pensado por el hacedor de los astros y los cielos... quizás pesques alguna trucha que evocará entonces, en tu memoria, aquel tiempo que con los amigos ibas a la quebrada del río grande..."

Me gustaría que viendo mis abultados años intuyeras en mí alguna tristeza, molesta como el ladrido de un perro en la noche y para mitigarla me invitaras a ver cine chino o esos cuentos de Kurosawa que ya filmará...

Como no soy ajeno al arte me pondría contento si me llevases a ver una exposición de Dalí o alguna serie de fotografías tomadas desde el aire, de distintos lugares del planeta (que no veré) o al museo de Bellas Artes... Luego almorzar en tal o cual restaurante japonés.

O a cruzar el río Colorado u otro río que por hermoso se llamase Bonito o que por su ímpetu se denominase Correntoso o con algún nombre aborigen poetico como Ruca-Malén... Intentar la pesca en el último confin de un lago en un sitio cuyo nombre fuese Última Esperanza.

Hoy eres un niño y dibujas muy bien. Si estudias, quizás "un día entre los días" vivas de eso y seas feliz y una peregrina inquietud te lleve a conocer países y ciudades... Veo como entre una bruma... Nueva York, Londres, París, Florencia, Roma y otros que no alcanzo a distinguir bien.

Me ilusiono imaginando que tal vez al regresar me traigas de regalo libros y folletos de museos...
Para terminar: Reconozco que voy demasiado lejos con mis deseos, pero...
!Soñar no cuesta nada!

Con cariño.

Tu papá

octubre 1969

PD: hoy tu hermanito abrió la puerta de un jaulón y se volaron todos los pájaros. ¿será ese acto una premonición de libertades futuras?

Ossie

Uno en su cumpleaños pega un vuelo por arriba de lo que fueron estos años, las cosas grossas, las importantes. Quizás alguna de las otras. Pero quedan esas que la memoria encanuta y las difumina con el dedo como un pastel. Las funde creando nuevos colores, las mezcla. Hay cosas que se pierden para siempre. Otras están perdidas pero andan por ahí. Extraviadas hasta que una canción, un olor, o una foto nos las devuelve frescas, increíblemente claras. Como si fueran de ayer. Y es así, como si fuera ayer que hoy recuerdo en tu día, mil cosas. Anécdotas de colegio y tizas revoleadas. De compañeros. De hermanos que somos. Piedras tiradas no a un cartel, sino a la vida. Charlas y sobremesas. Libros. Noches de radio con un Mondrian de fondo. Novias que surgían y amores que nos cambiaron, para bien generalmente (como son todos los cambios). Hoy podría agarrarme de una historia, una colada en el roca. Una botella de wisky en la clase de mantenimiento preventivo, o un disco en lo de Ale Wiegrebe en una tarde afanada. O un gol, o un consejo. Pero no, eso lo dejo a tu memoria, para que le ganes a su avaricia y le arranques un recuerdo. Como los que te regala una foto, un perfume o una canción.

Regalos

Hoy se honran a los niños en Argentina, no a todos por supuesto, pero ese es otro tema. Quizás por eso mi memoria estuvo jugando conmigo todo el día y como en una danza del medio oriente, fué develándome una por una las capas que me dejaron ver mi primer día del niño (o al menos me devolvió éste que les voy a contar). Antes este día tenía un logo. Un muñequito con jopo para arriba y un corazón en el pecho con un logo circular como se usaba en los 70. O algo así. Cayó un 8 de agosto, lo recuerdo por las letras rojas que veo tan claramente como todo lo que ocurrió. Supongo que era una costumbre de domingo ir a la cama de mis viejos a la mañana porque recuerdo otras. Pero hubo algo especial ese día, porque después de jugar un rato con papá, en un momento determinado mi vieja dijo: "los regalos". La excitación única de un pendejo esperando un juguete nuevo se apoderó de mi y fué idéntica a la que sentí hoy en la cocina cuando, esperando el agua para un mate, se reveló lentamente como una foto en la batea cuál fué mi regalo.
Ahora tengo dos hijos y muchos días del niño como padre por eso puedo contarles que de este lado es más lindo, se disfruta más. Por eso Santa son los padres. La sonrisa de cualquier chico es hermosa y lo es más cuando lo querés, sea hijo, sobrino o vecino. No quiero ni imaginar de un nieto.
Yo no tuve muchos juguetes, y eso les explica algunas cosas. ¿No? He sido desproporcionado con los regalos como lo son las madres italianas con la comida cuando el hambre no las abandona después de 50 años. Un regalo es una representación, una obra que trata de expresar una idea: Amor. En un cumple, en navidad, incluso un regalo circunstancial como un alfajor. O una manta, o una botella de vino. Yo cuando monto en escena esta representación soy Fellini, con una grandilocuencia y una pompa digna de él. Con todos, porque les regalo a ustedes cada vez lo máximo que puedo. Como quizás lo hicieron mis viejos con ese tanque de guerra verde agua; de lata, a cuerda con una piedra de encendedor en el cañon, que generaba los proyectiles más reales con los que a los 6 años podés jugar.

Paso

Hace 37 años un día como hoy miré al cielo con toda la fascinación que un chico de 4 años puede tener buscando en la luna un tipo que pronunció palabras inmensas. Como ese paso que maravilló a miles de millones de personas. Hoy también es por un capricho, el día del amigo y cuando uno busca de un pantallazo los personajes que compartieron con uno la vida, queda con un sabor dulzón, como después de comerte unas ciruelas afanadas de lo de Coca. Mi primer amigo que recuerdo se llamaba Angel y perduró más por estar en unas fotos de algún cumpleaños que por la acción de la memoria. Tengo que nombrar a Giguin un amigo imaginario que venía a verme cuando estaba en el baño ya que venía en lancha y aparecía por la rejilla. Horas hablando con él me pasaba. Sé que es medio freakoso pero bue, es lo que hay. De ahí salto a un gran amigo. Al tano Marzano, Mario quien fué la persona con la que primero me cagué a piñas en mi vida y la primera que fué mi amigo de verdad. Un tipo que pese a que no nos vemos nunca, cuando nos encontramos, retomamos la charla como si nunca se hubiera interrumpido, un tipo que quiero mucho. En sexto grado apareció otro de los 3 grandes que es Marcelo "el flaco" López. Uno de los tipos que se convirtió en hermano con lo bueno y lo malo que esto implica. Tenemos un mérito grande que es que pese a compartir 30 años de amistad, sólo fuimos 2 años juntos al colegio (y en la primaria, mérito doble) y nos mantuvimos unidos pese a la distancia. Su casa de ezeiza es mi segunda casa y siempre será así. A los 15 apareció mi otro hermano que en ese momento estaba más interesado en tirarle piedras a los trenes que en Lacan y la filosofía. El golem a quien admiro profundamente que se inventó a si mismo con barro y hoy es un tipo de oro. Ejemplar que me bendice con su amistad hoy y por siempre, espero. Casi al toque conozco a otro tano increíble que hizo que hoy esté en esta profesión, quien fué socio, compañero de saber, de arte y de juventud. Pese a haberle robado a Ossie un tiempo de convivencia en el depto de Rodriguez Peña, con quien conviví "la vida" es con Mile. No todos los días uno encuentra alguien con quien no hace falta completar un chiste porque sabemos lo que el otro va a decir. Tener muchos puntos en común ayudan mucho pero no es todo. Uno puede forjar una amistad verdadera con personas que, por el contrario, no son claros estos puntos, como Pablín. Yo tengo la suerte de tener amigos que si bien no pasaron 20 años, los considero amigos de posta, no de cartón. Y son de marte como Alejo, de Liniers como Diego, vienen de la redacción como Ariel, o amigos de prisión laboral y hundimientos del país, de las realmente malas que es donde se ven los pingos, a quienes hoy les alquilo la casa como Sebas. O amigos de algo más que el golf como el otro Pablo (el húngaro como prefiero definirlo). Pero de todos mis amigos quiero rescatar hoy a dos nuevos. Bah, nuevos. Uno es mi hermano con quien espero ahora que vuelve, ser más su amigo que su hermano. El otro es mi viejo. Un tipo especial, con un cerebro y un corazón más grande que el paso que dió un tipo allá lejos en el cielo, hace 37 años un día como hoy.

Dedicado a los Cesar Lacorene, los Oscar Eichler, los Maco Gatti, los Ruben, los Lions, los negro, los amigos que estuvieron y están en mi alma como en esos momentos que tan feliz me hicieron.

Spegazzini

Cada vez que vuelvo de un viaje quedo anestesiado, me cuesta volver al ritmo del día a día. En las vacaciones que tuve estos últimos años siento que no fuí yo quien estaba de viaje. Fueron tan desproporcionadas éstas experiencias para mi, que siento que se las robé a alguien, que tenían por destinatario a otro más afortunado. De todas las ciudades que visité hay una especial y es NYC. Otro año comenté que esa ciudad era como Spegazzini y no es chiste. Lo es. Cada uno tiene un lugar no sólo de dónde viene, sino hacia donde va y ese lugar para mí es ese pueblito perdido en el sur pobre del gran Buenos Aires. Es donde me siento en casa, donde camino automáticamente y donde mi cuerpo pertenece. Es mi cargador de energía, me provee de pequeños tesoros como el caminar al pueblo para hacer las compras saltando charcos o tragando tierra, chumbando perros hasta llegar a la vía que separa a mi mundo del resto. Mi casa (que fué de mi abuelo antes y de mi hermano ahora) es donde pertenezco. Ese barrio de 14 techos y una calle es donde mi pasado me espera para cuando me baje de la bici y los deje para ir a jugar al bosque por siempre. Increíblemente siento algo parecido en New York. La misma paz y tranquilidad. No hay Cañuelas que me lleven al cole, ni talleres del tano; no está la carnicería "Los Tigres" con ese cuadro eterno de Carlitos, ni plazas donde aún veo las cosas que ya no están. No hay pinos ni eucaliptos ni castaños.
Pero existe una conexión que no tengo la capacidad de comprender. Y la siento. No soy neoyorquino pero la ciudad de Woody me pertenece de una forma extraña. No sé si es porque una es el pasado que añoro y la otra es el futuro que sueño, pero en cada paso que doy sobre ellas me hacen sentir que mi lugar transcurre entre estos universos totalmente diferentes para el resto del mundo que son en realidad uno sólo. Y es mío.

Dad

Algún día sabremos quienes fueron los que idearon esto. Los años dejan ver a veces, algo de verdad en hechos políticos o económicos. Pese al silencio. El poder usa para moldear sus actos más crueles siempre la misma plastilina. Gente inocente. Acá, en el ground zero uno puede dimensionar la inocencia detrás de los números de muertos. Y me refiero que a esa hora, sólo había perejiles adentro. Negros detrás de una mopa, manos latinas con trapos que tratan todos los días de entrar a fuerza de trabajo a un sueño donde no tienen lugar. Perejiles como los pobres bomberos y canas que se mandaron a ayudar sin dudar. Lo que me importa ahora no es eso sino otra cosa: los pibes que perdieron a sus viejos. Los chicos que ese día vieron por la tele, o en vivo que es mucho peor, cosas que ni los grandes pudimos entender. Hoy eso está en el aire. El hueco que esa gente dejó en sus familias es mucho más grande y mucho más terrible que el hueco que quedó en la tierra. Pienso en esos pibes y pienso en mis hijos. Y creo que lo más cruel y cruento es que quienes pagaron el precio por tanta locura, fueron chicos iguales a los míos. Con el futuro por delante, que de pronto se derrumbó estrepitosamente junto a sus ilusiones de la misma forma que lo hicieron las torres del World Trade Center.

Historia II

La historia de la humanidad es imperfecta. Desde su origen plagada de omisiones, falacias, mentiras de toda clase y lo peor es que es incompleta. Pero yo hablo de otra historia. Hablo de la historia del arte. Y también de esta que escribo, que de no existir una foto, pensaría que es un sueño. Todo comienza con un libro de Arte que compró mi mamá en cuotas, en la escuela donde trabajaba. Tapa verde inglés, fotos en blanco y negro, de un tamaño que le faltaba el respeto a las obras por lo pequeño. Ahí de muy chico gracias a Ernst Gombrich descubrí los grandes maestros, la pintura y la escultura clásica. En la facultad nació un amor por el arte del siglo XX que arde cada día con más fuerza. Como cupido que usaba tizas en vez de flechas, fue Carlos Méndez Mosquera el que me infectó. Pionero de la publicidad, personaje total. Hacía innecesarias las alarmas, eran sus teóricas algo imperdible. Sus palabras no se limitaban a lo académico. El arte en el período entre guerras, es algo que nosotros jamás podremos imaginar. Sus miles de anécdotas, que conocía de primera mano, eran piezas de un rompecabezas que nos reconstruían un mundo donde todo estaba por pudrirse pero parecía que a nadie le importaba. Como ahora. Y hablando de los 20’s. De sus clases pasaron más 20 años. El recuerdo de Carlos con su guante de cuero y sus tizas gigantes rectangulares, me acompañaron cuando empecé el peregrinar por mis templos, como la Tate, La National Gallery, el Louvre, el Pompidou, u hoy una tarde de 2006, el MOMA. Camino solo, en silencio por salas donde la Bauhaus y el arte revolucionario ruso me transportan a tiempos y lugares en los que me hubiera gustado vivir (como Gil Pender a quién aún no conocía) Esa recorrida de ensueño adquiere un giro inesperado cuando minutos antes del cierre, escucho delante mío una explicación con una voz inconfundible, de cómo se pronunciaba Lászlo Moholy Naghy. Me sentí en el aula, pensé que se había abierto en algún cuadro surrealista una ventana a un aula en la UBA. Pero no, estaba en la catedral del arte en Manhattan, como un cazador escondido dije que me recordaba a Méndez Mosquera. La cara de su mujer se pintó de asombro y luego de lágrimas, como la mía. Era Carlos. Mi alegría debe haber sido lo suficientemente explícita como para recompensarlo de alguna manera por todo lo que me regaló desde el pizarrón. Tan es así que al tiempo nos encontramos a almorzar. Lo que pasó ahí me lo reservo pero sé que se llenó de orgullo, ese tan particular que sienten a veces los maestros. Lo que me encanta de ese momento en el Moma, lo maravilloso, lo que le robaría un guiño cómplice a Borges, es que estábamos parados ante un cuadro de Paul Klee que se llama "El profesor"

Negro

Quizás la carambola impredecible del destino es un grilla perfecta donde nada es casualidad. Quizás todo lo sea. Por esta bola que te empuja a chocar otra y otra más, terminé en una fiesta de Hip Hop llena de negros con Dj estelares pegándole a los decks con un talento que prácticamente nadie comprende. Para un argento, ver un negro es como ver un marciano. Nosotros teníamos a Rey Charol y al del comercial de chocolate Aguila. Por más chocolate que comamos, seguimos blancos, o marrón o negro villa, pero ese no es negro, es otra cosa. Imagínense un tipo que pasó su vida escuchando del Jazz al Rap pasando por todos los tonos intermedios, estar en medio de una privada con estos gorilas. Monos que vienen en limo, transporte de gatos, que pese a ser negros, no traen mala suerte salvo para tu físico si te agarran en una cama. Curvas de chocolate que no existe el pistolete que las dibuje. Y música que no voy a encontrar en ningún lado, pero que te gusta de una como las cosas buenas. Cervezas desconocidas para esa hora con estómago vacío preludio de lo que seguiría. Acá yo tengo una guía Venezolana que es la que pega con el taco a estas bolas blancas que me llevan de un lado a otro y con ella y su amigo (quien organizó la fiesta negra sin nadie en bolas) siguió la noche, siguió la cerveza y siguió la música, pero de otro color.

Si les digo un bar country, seguro lo asociarán a lo más recalcitrantemente americano, lo que nadie puede tragar sin hacer arcadas. Cuando entramos a este tugurio más oscuro que el color de los Dj de hacía un rato, lo primero que ví fue a una rubia vaquera de pantalón rojo brillante, arriba de la barra, haciendo Hula Hula pero en vez de hacerlo con la cintura, lo hacía con el culo. Todo el white trash, los soldados que matan chicos en Irak, Bush, el petróleo, Allende asesinado por la CIA, el discurso de Fidel en Económicas, se fueron en un cohete a la mierda y lo único que quería era comprarme una Harley, ponerme un pañuelo en la cabeza, usar camperas con águilas y raptarme esa loca para llevarla a Texas. Pueden imaginar lo que me esperaría. La rubia no era la única niña detrás de un estaño de madera que servía de base para un taconeo espectacular. A mí me pierden las rubias y como la contradicción es mi característica principal, me perdí por una morocha con sombrero de cowboy que me sirvió tragos que no recordaré de una manera que no voy a olvidar. Para quienes me imaginan bailando como Charles Ingals, con gente aplaudiendo en una ronda, les digo que no. Pero el rock (y hasta Madonna) suenan mejor en estas cuevas. Cuanto más subía el alcohol, más cantaba. Canciones que nunca supe qué decían, aparecian claras como el cristal y las cantaba como uno más. Esa noche fué la noche de lo diverso, la mezcla, como la cena que preparé a la madrugada, uniendo el mundo en un plato que tenía salsa italiana sobre fideos japoneses.

Seguiras siendo rara

A veces uno no encuentra el punto de partida para una idea. Buscás la forma de entrarle al tema pero en momentos como ahora que se agolpan miles de sensaciones, es difícil agarrar la punta del ovillo. Hoy lo encontré. Caminaba por la 42 temprano antes de entrar al laburo, muy tranquilo con la frescura que te dan la primavera acá y el saber que tenés todo bajo control. Por el cable blanco no sólo me llegaba Charly García, sino también recuerdos de épocas doradas. El punto, el quiebre, el segundo donde todo aquirió otra dimensión fue el finale de Bancate ese defecto que se convirtió en la banda de sonido perfecta para esa películita muy íntima, pequeña y cargada de emoción. Donde la escenografía y la iluminación de un sol que entra donde puede, se juntaron para dejarme inmóvil. Sin reacción. Feliz.

Traté de encapsular este momento en tiempo real y ahora, al revivirlo vuelvo a sentir algo parecido. Mis estadías aquí están plagadas de momentos como éste, pero la magia, la verdadera, la que te hace sentir que entendés todo, son muy de vez en cuando. Como hoy cuando venía caminando distraído por la 42.

El ultimo dia de mi vida

Es tarde y estoy pegado a la almohada sin poder hacer nada, fue una noche pesada. Vueltas y vueltas en la cama. Afuera hace calor, puedo sentirlo y no va a haber ducha esta mañana, no hay tiempo para eso. Pasaron casi tres horas y no me di cuenta. Estoy todo pegote, el viento me atraviesa indiferente mientras se cuela por una ventanilla abierta. Otro día, uno más, otra vez a la oficina, trabajo, rutina, los nervios y su sudor. Salgo al mediodía. El sol me encegece en la plaza, el cielo está más azul que nunca y una sola nube juega en él; no vería otra jamás. Llega la tarde sin prisa, como siempre. Se abre la puerta del ascensor, es ella. Un breve diálogo, una caricia insegura.
Noche. Otra vez en casa. El agua de la ducha me ahoga y me golpea rítmicamente gota tras gota en un mensaje morse que no puedo descifrar. La toalla va por lo suyo. Me seca. La luz rebota en el espejo y no percibo el final. Me sorprende como sólo sabe hacerlo la muerte. Como un capricho quedo enredado entre sus dientes. Mientras se diluye mi vida pasan los recuerdos a través mío como un escalofrío. Perfumes, el suave contacto de tus dedos, los latidos. El viaje final comienza, me sostengo entre los brazos de un peine. Sólo resta esperar caer en la pileta, una canilla que se abre y el oscuro recorrido por una cañería que no sé dónde termina.


PD: es la historia de un pelo y lo aclaro de tonto nomás.

Beso

Besar es una de las cosas incomparables. Para mi siempre fué especial. Más que el sexo, de hecho, podemos comprar sexo pero no un beso. Las putas no besan. Un motivo puede ser que el beso es la representación del amor más pura. Besamos a nuestros hijos, a nuestros viejos, a los amigos. Yo recuerdo cada detalle de mi primer beso, arriba de un cañuelas yendo al colegio en el asiento del fondo. Con más nervios que ganas y eso que estaba que me moría. Sentir el calor de ella, con el sol y el viento entrando de la mano por la ventanilla. Me encanta besar y siempre me encantó. Tiene la imponencia de la conquista. Es el gol. (por algo jugaré de 9 al fútbol) No importa que pierdas, no importa que jugaste mal, es ese segundo que sentís que sos invencible. Hay besos que dan ganas de gritar, de salir a la calle a despertar a todos, de llorar de felicidad. Otros se pierden por la adrenalina o la sorpresa que los opaca. Lo peor que te puede pasar es que te sorprenda, que pase como un relámpago dejándote sin reacción. Es hermoso besar con éxtasis porque uno tiene la boca llena de amor universal, anónimo, en ese instante una mujer son todas. Porque el amor es uno solo, pero lo olvidamos. Como vos sos la humanidad entera encerrada en una persona.

El más increíble de todos los besos que dí en mi vida fué en una escalera que me ayudó a alcanzar lo inalcanzable. Había sido el novio de su hermana durante un tiempo pero el día que la conocí quedé absolutamente desarmado. No recuerdo cómo empezamos a salir ni si éste beso fué el primero, pero sé que no fué uno más. Iba a su casa clandestinamente porque ya no iba por su hermana. Teníamos que ir a lo de una amiga. Era en Barrio Norte, o eso creo, ya da lo mismo y en un momento me encuentro con su cuerpo en mis brazos, mirando sus ojos increíbles, sus labios de carnaval. Fabiana era como Brasil, era sol, belleza y alegría. Fue mucho más que un beso, tocando su pelo, ese momento inconmensurable, fué probar el paraíso. Daría cualquier cosa por estar ahí, unos escalones más arriba de lo acostumbrado, acariciando la inmortalidad. Porque sé que somos insignificantes para el universo, pero por un segundo, en ese instante yo fui infinito.

Fabiana

En un café de la calle Corrientes, lloramos un día que le di una carta que sin saberlo fué mi primer envío de Marketing Directo (que es lo que hago hoy profesionalmente); le escribí una carta llena de amor sobre acetato transparente, porque era como escribir en el agua, inútiles palabras que se llevarían la corriente y la imposibilidad de que nuestro amor, perdure.
Es extraño pero cuando mi mamá se moría, Fabiana tuvo su primer hijo en el mismo lugar y lo sé porque mi hermana se cruzó con la suya en la clínica. Nunca nos vimos. Es increíble cómo los hilos del destino se mueven invisibles, irónicos, misteriosos y algunas veces, crueles.

Acero

No había internet, ni televisión. El mundo estaba prácticamente por descubrirse. Las fotos eran rarezas en blanco y negro y pocos eran quienes accedían a ellas, generalmente personas y familias acaudaladas, perpetuados en un cristal bañado en sales de plata. No era como hoy. Las ciudades no nos ocultan más sus secretos. La tecnología posibilita conocer lugares sin jamás haberlos pisado. La televisión nos alcanza no sólo la imagen, sino el alma de las grandes urbes. Hoy sabemos con qué nos encontraremos a la vuelta de una esquina aunque sea nuestra primera visita. Antes no era así. Y yo no tenía idea de cómo era otro lugar que no sea Kalisz.

Me llamo Adam Jankoswky y nací en 1895. Hoy llegué a Buenos Aires tratando de dejar atrás el hambre y la miseria de mi Polonia natal. Todo lo que recuerdo está en el mismo lugar de lo que quiero olvidar. Tengo 17 años. El mar interminable sólo alimentó mi ansiedad por descubrir lo desconocido y cuando bajé del barco, sólo contaba con mi habilidad con el martillo. Crecí bajo el rugir del acero, entre carbón y fuego. Como un émulo de Hefesto, siento que puedo forjar mi destino como lo hago con el hierro. Mi voluntad es la fuerza para moldear golpe tras golpe el futuro y la necesidad, las llamas de una fragua que arden cada vez con más intensidad. Estoy ante un idioma, un país y quizás, un universo desconocido.
En el hotel de los inmigrantes intenté encontrar un rostro, una palabra que me hagan sentir en mi hogar, pero al cabo de unas horas comprendí que estaba solo. Una soledad absoluta y salí a caminar con la esperanza como única compañía. El sol de otoño se asomaba entre las ramas despobladas bañándolo todo con su naranja calidez. Las calles me enceguecían con su reflejo y me abrigaba la sensación que sólo poseemos quienes no tenemos nada que perder. Cada paso que daba me hacía sentir mejor. Era una extraña tranquilidad que no se correspondía con mi presente pero no intenté explicármelo. Caminé durante horas sin rumbo, sin saber adónde estaba, ni a dónde iba. Los carteles eran tan indescifrables como los diálogos de las sombras que pasaban a mi lado. El aislamiento en el que me encontraba se interrumpió con el poder de un rayo cuando escuché una voz inconfundible. La voz del acero. El rítmico aullar del metal y los martillos. Lo único que pude hacer es correr, corrí desesperadamente hasta llegar al golpe seco que te da en la cara la fragua. Así conseguí un trabajo sin entender lo que me decían, hablando sin palabras. Pasó el tiempo y los martillos y el acero me acompañaron en mi largo viaje a la integración, un destino casi inalcanzable. Conocí a mi mujer y tuve dos hijos, nací con ellos nuevamente en la tierra de las oportunidades, en el crisol de almas que es este país, un país que desapareció desvaneciéndose al calor de la intolerancia, el desamor por la tierra y la entrega, como se consume el carbón abrazado por el viento intenso de los fuelles.

Azul

Atrás quedaron los muros azules llenos de pasión, de arte, de dolor; atrás quedaron el sufrimiento y el amor. Atrás quedó casi todo salvo ese impacto conmovedor que rebalsó mi alma, que perdura en lo más profundo de mí. Como perdurarán el color y el valor de la gran Frida Kahlo.

Coyoacán, México

Verdes

En francia ví verdes como los que nunca soñé. Los hay suaves, dulces, intensos, verdes fuertes y con carácter. Un color que te permite descubrir cuánto se encierra en un paisaje. Sutilezas y variaciones que te desbordan los ojos. En francia los verdes se sienten a pleno, como si ése fuese su lugar natural. Francia es donde el verde, existe.

Forget Paris

Podría ser un hipócrita, podría hacer de cuenta que me olvidé de vos o podría contarte una anécdota que me pasó hoy, el día del tipo que hizo que mi hermano se llame Patricio y eso es lo que haré.

Me desperté un poco tarde para la hora que me vengo despertando pero hoy necesitaba ir a un lugar tipo 9 así que hice fiaca en la cama. Puse la tele y la ausencia de felicidad en TN, MTV y cuanto canal de música tengo, me hizo caer en HBO y en una peli en particular que me hizo tropezar el zapping.
La escena era en un restaurante. Muy Woody por el díalogo, pero no era opción porque la hubiera visto, de pronto aparece Billy Cristal muy loser y me quedé a verla. Ví el final. Me quedé hasta el último título a ver si enganchaba algo que me facilite la búsqueda en IMDB y por suerte apareció al final, después de los loguitos de Dolby, el título. Era Forget Paris.
Dije, nice, la alquilo y la copio. Como la tele tiene 2 HBO desplazados 2 horas, cuando volví de bañarme (y MTV seguía sin pasar nada) volví a pasar por las pelis y estaba Billy Cristal caminando por París y eso me llevó a recordar el lugar más maravilloso del mundo. Dije, salgo más tarde pero veo un toque más de Paris. Y por las cosas que contaba la peli, me puse a pensar qué es el amor, cómo se producen los desencuentros y lo positivo o no que resultan éstos (nunca podemos saberlo) y caíste en mi cabeza como un piedrazo que rompe una ventana. Caí en la cuenta que fuiste la última mujer de quién me enamoré y que hoy era tu cumple. Me pareció lógico no esconderme en el olvido y quise contarte (ya que de vez en cuando nuestro laburo hace que nos veamos las jetas) que te recuerdo con un sabor bitter-sweet que como la salsa de mismo nombre de KFC, me gusta. Quizás sea porque al llegar a quererte de posta, y despegar el egoísmo posesivo, puedo desearte la felicidad total (no sólo hoy) sin estar ahí con vos, casi como una condición excluyente.

La chica de las zapatillas rojas

Sabía muy poco de ella, casi nada. Él iba a alquilar películas y el ritual de cargar música para las ocho cuadras que lo separaban de su casa lo animaba. Mecánicamente elegía entre la escasez, un par de horas de evasión, de fantasía. El cine era su único escape, la realidad era más tolerable gracias a la ficción. Un día un montón de letras sueltas en una credencial se transformaron en un nombre. Éstos toman significado cuando algo nos llama la atención, se ocultan anónimos hasta que se convierten en un rostro, un cuerpo, una voz, un ser. Ella era una más y pasó desapercibida quién sabe desde cuándo hasta que la cruzó en un pasillo. Volvió a mirarla y notó el contraste de su uniforme corporativo con sus zapatilas rojas, casi el mismo que existía entre ella y el resto de las personas que estaban ahí. Mariana era su nombre pero sería Mariana para los demás, para él sería de ahí en más, la chica de las zapatillas rojas.
 
Ella tenía una belleza simple, minimalista. Podía entreverse que poseía carácter, su mirada era seria y profunda. Sólo la imaginaba afuera de esa monocromía, sin barreras de cajas registradoras y golosinas. Se preguntaba si era inteligente, sensible, si compartían gustos o si lo haría reir. Quería saberlo todo. Le gustaba. No estaba enamorado pero no podía asegurarlo.
 
Ver si estaba antes de entrar era algo no compartido con nadie, un instante único. En la tierra no existía quien tuviera una lucha tan desigual e inútil con el destino. Estaba. Ello era motivo que la espera fuera un juego. Cuando faltaba, la espera se tornaba interminable aunque no hubiera nadie. En la fila todo era incertidumbre; evaluaba con astucia si le tocaba o no, calculando personas, tiempos de atención, variables que llegó a descifrar casi con exactitud. Una demora por conseguir cambio podía llevarlo ante sus ojos, ante su sonrisa. Para ella, él no era más que un código de barras. Letras en una pantalla. Todo se encerraba entre “el que sigue” y “tenés hasta el martes”. Absolutamente nada. Lo sabía. El universo entero cabía entre ellos y por momentos imaginaba estrellas arriba de la caja girando inútiles. Nunca le dijo una palabra de lo que sentía.
 
Siguieron pasando los días como pasaron los meses y los años. Ella un día dejó de trabajar allí y él se mudó. En su recuerdo su cara se fué desdibujando y sólo quedó un boceto, un trazo suelto que retocaba para no perderlo de vez en cuando. Hasta que la olvidó.
 
Él vivió más de lo que hubiera deseado y se convirtió en hombre primero y en algo peor mucho después. Fué deteriorándose lentamente como su voluntad y una mañana supo con certeza que sería la última. En ese momento tomó conciencia que había desaparecido casi todo, incluso dios. Intentó recuperarlo con una plegaria, acto que abandonó con cordura y algo de dignidad. Nunca había rezado. Preguntó si un cambio en su vida le hubiera hecho descubrir la felicidad, dado un significado. Preguntó lo mismo una y otra vez esperando algo. Sólo el silencio se hizo presente.
 
Un escalofrío le recorrió al cuerpo al ver una caja que su soledad no le permitía ignorar. Le costó abrirla y en ese instante, no supo si lo que lamentaba era haber desperdiciado una chance o peor aún, haberla tenido. Su memoria iluminó el interior de la caja de donde surgió la respuesta. Ahí estaban, únicas e inconfundibles, sus zapatillas rojas.

Dreams

Siempre soñamos, algunos más que otros. No hablo del sueño cuando apoliyás, el que Sigmund usó para decirnos todo. No. Me refiero a los sueños cuando vas en el bondi, o cuando caminás por la calle sin prestar atención. A los que soñás cuando esperás que te atiendan. O mientras ves algo aburrido en la tele. Sueños que soñamos despiertos. Es increíble cuánto soñamos. Y con qué diversos temas.
Los hay quienes sueñan con sacarse la lotería, con hacer guita, con cambiar el auto, con tener poder o una casa en Malibú. Ferraris, Yates, o con mansiones con la pileta llena de putas como tiene Hugh Hefner. Estar en la tapa de Forbes. Hay quienes sueñan con fama. Fotos, glamour, Hollywood, ser actor, ser modelo. Ser un rock star o ser más ocurrente que Woody Allen. Soñar con belleza, ser más flaco, más alto, tener un six pack o buenas tetas en el caso de las chicas, ser irresistible. Otros con el reconocimiento. Premios, Oscars, Palmas de Oro, D&AD's, Clios, Echos o Pulitzer, el que sea. El nobel. O en inventar algo revolucionario, curar el cáncer. O con terminar la injusticia, el hambre y la corrupción, cosas justas pero aburridas para andar soñando. Soñar con Argentina campeón. O soñar con amor, que es como tema de los insuperables. Quién no? Tener en brazos a Naomi Watts o a la chica del momento o a quien sea y que te quieran bien. Soñar con la felicidad o con un futuro brillante para tus hijos, que es casi lo mismo.
O soñar con estar mejor.
Sueños que son deseos, como los que juntamos en esta fecha para que se nos cumplan el año que viene.
Por eso les digo que creo que lo más lindo, incluso mejor de que se cumplan, es soñar. Soñar todo lo que podamos y cada día ser más imaginativo, más audaz, más piola en nuestros sueños. Ser brillante. No desear giladas de angurriento como tener millones de dólares. Ahí no esta la posta. Desearnos las cosas que hacen que esta vida (que es sueño) valga la pena ser vivida. Total, soñar, no cuesta nada.